“Mingo”, del béisbol profesional a enseñar a los más pequeños

Fotografía: René Tobón

Por: Alejandro Rave Franco 

El sueño de muchos niños que llegan al Festival de Béisbol es poder ser firmados por un equipo profesional y soñar con jugar las Grandes Ligas. Pues Edgardo Mendoza Julio, más conocido en el mundo del béisbol como ‘Mingo’, cumplió gran parte de este sueño: aunque no pudo jugar en el top del béisbol mundial, si estuvo firmado con los Marineros de Seattle, una experiencia que cambió su vida por completo.

Edgardo oficia como entrenador del equipo de Pequeñas Ligas del Norte, con el que llegó a instancias finales del Octavo Festival de Béisbol, competencia que destaca por su buena organización: “De este Festival se sacan buenos aprendizajes, lo principal es que los niños se diviertan, detrás de eso viene el rendimiento deportivo y la experiencia de un torneo fuera de casa”, agrega ‘Mingo’, que quisiera que sus pupilos pudieran disfrutar de más competencias de este tipo.

El estar en Estados Unidos le dio una madurez no solo deportiva, sino personal: “En un equipo profesional aterrizas mucho en la idea de lo que es la disciplina, el trabajo fuerte, largas jornadas de entrenamiento y todo por perseguir un sueño… eso es lo que me gusta transmitir a los niños que entreno”, comenta Edgardo que en su juventud integró selecciones Atlántico y Colombia en béisbol

Llegada la hora del retiro del béisbol profesional, “Mingo” no quería desligarse por completo del deporte, motivo por el cual tomó la decisión de convertirse en entrenador y transmitir lo aprendido en su vida como jugador profesional. “Por ahora me sueño con poder formar mi club propio, formar grandes personas y ver que a mis jugadores los firmen los grandes equipos y vivan esa linda experiencia que yo disfruté”.

Un triunfo llanero

Fotografía de: Andrés Angel
Por: Valentina Herrera Cardona

“Tenemos el favor de Dios”, remata el profe Flavio César Barney la charla del intermedio del partido. Está por comenzar el tercer tiempo y Villavicencio, el equipo que confía en la ayuda divina, empata por dos goles frente a Imder Apartadó. Se están jugando la clasificación a cuartos de final en el Festival de Fútbol de Salón y no  quieren dejar nada a la suerte.

El camino no ha sido fácil para el equipo Villavo aunque así lo hagan parecer. Para el profe, que los pequeños jueguen fútbol de salón es un complemento en su formación deportiva. “Los hace más dinámicos, más rápidos, mejora su concentración”, por eso alternan sus prácticas de fútbol regular con fútbol de salón.

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La historia que los llevaría a ese partido que estamos describiendo comenzó en la capital del Meta. Allí fueron las eliminatorias donde alcanzarían llegar a la final, la que perdieron ante Sevillano. Sin embargo, este equipo renunció a continuar el proceso y así Villavicencio pasó al zonal en Paratebueno, Cundinamarca. Con un sólo partido perdido ante Cachipaí de Cundinamarca, logró clasificar la siguiente ronda hasta encontrarse nuevamente con el rival sin superar para disputar la final. Esta vez la “ayuda divina” actuó a su favor: un 5 a 3 les daría el cupo para participar por primera vez en el Festival en Medellín.

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Termina el tercer cuarto. Tres a iguales y la tensión aumenta. Ambos equipos tienen las ilusiones intactas y las expectativas altas. Ambos cuentan historias de esfuerzos y tiempos invertidos en este proceso.

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No estaban seguros de poder participar en el torneo.  Pensaron en pedir apoyo desde el gobierno local, pero ya el presupuesto del municipio tenía destino. Flavio cuenta que “el día 11 en la mañana aún estábamos seguros de que no iríamos. Yo me moví todo el día. Hablé con políticos, con amigos. Unos nos ayudaban con un millón, uno con otro; cosa que en particular a mí no me gusta, pero lo hice por los niños, por su ilusión”.   Entre los chicos está el hijo de Flavio, quien lleva el mismo nombre. Fue uno de los que más insistió: “me decía papá qué pasó, mire que los pelaos están tristes”, agrega Flavio.

Se llegaron las 11 de la noche y a esa hora les avisé: “Alisten maletas que tenemos que estar listos para salir a media noche”. Mientras conseguían los tiquetes, los chicos empacaban sus implementos y sus sueños.  Llegaron a Medellín a otra travesía: buscar hotel. Después de muchas puertas tocadas, se alojaron en uno donde había cupo para todos. No les dio más tiempo para alistarse e ir la Unidad Deportiva.

Viajaron por avión, porque si lo hacían por carretera no alcanzarían a llegar al primer juego. “Yo estaba preocupado porque llegaron trasnochados,  cansados, pero jugaron muy bien, hicieron un buen partido y ganaron. Villavicencio ganó con un rotundo 7 a 2 a Inder Desarrollo Estadio.

“Se bajaron del avión a ganar” reitera en varias ocasiones Fernando, uno de los coordinadores del torneo, al referirse al primer partido de Villavo que asustaba a Flavio.

Y siguieron ganando. Ante Inter Tuluá con un 4-2 y la goleada 7 a 5 contra Ciudad Bolívar,  fueron los encuentros que determinarían su clasificación a octavos como primeros de la tabla.

Termina el cuarto tiempo y con él, el partido y las tensiones.  Con un gol de penalti, Villavicencio logra el paso a cuartos consolidándose como uno de los mejores del torneo sin derrotas y sin empates.

En esta fase pasó con tranquilidad frente a Riosucio Chocó con 4 a 1. Llegaría la semifinal una vez más contra Inder Desarrollo. Aunque comenzó perdiendo, logró remontar y asegurar su cupo en la final. De nuevo, la ayuda divina estaba a su favor.

Esta final del Festival de Fútbol de Salón estaba cargada de novedades. El pasado campeón había sido eliminado en la fase de grupos. Por primera vez el título no se lo llevaría un equipo paisa: Talento Cartagenero era el siguiente (y último) rival para el conjunto llanero.

Una tarde pasada por lluvia sería el escenario de este encuentro final. Los chicos de Villavicencio tranquilos como siempre, esperaban a que secaran la cancha, mientras hacían los últimos ejercicios de calentamiento.

Sonaría el pitazo y los pequeños jugaron como siempre: concentrados y pensando en el gol. El único nervioso al parecer, era el entrenador. No tenían seguro asistir al Festival sólo hasta unas horas antes y ahora estaban invictos con 7 partidos ganados.

Llegaría el fin de los agónicos 40 minutos. Con un difícil 5 a 3 Villavicencio ganaría su primer Festival de Fútbol de Salón. Las lágrimas no se hicieron esperar y reemplazaron toda la serenidad que estos deportistas habían guardado durante el torneo.

El equipo de los llanos no sólo ocupó el primer lugar, su número 10, Jonathan Mayorga, fue el goleador del torneo al igual que el mejor jugador del Festival. A esto se le suma la obtención de las menciones de la valla menos vencida con el arquero Jhon Fredy Ospina y el equipo con mejor desempeño en Juego Limpio.

Luego de una vuelta olímpica en la pequeña placa, sería el momento de orar. Un abrazo grupal y las palabras de su profe fue la forma perfecta para agradecer por la “ayuda divina” que siempre estuvo de su lado.

 

Al Olmeca de México siempre lo acompaña la música

Fotografía por: René Tobón
Por: Paola Andrea Garzón

El único equipo internacional en todo el Festival de Festivales se encuentra en la disciplina de béisbol y no solo tiene carreras y jonrones que contar. En el equipo Olmeca de México, además del deporte, a cuatro de sus integrantes les apasiona la música y, aun cuando no han formado una banda, les transmiten a todos sus compañeros esa pasión reflejada en las porras que en cada momento salen para animar a quienes están en el campo.

José Alejandro Flores tiene 11 años y juega béisbol desde que tiene 2 años y 9 meses como herencia de su padre, quien fue deportista profesional en la misma disciplina. Estuvo también practicando el karate y la natación pero su pasión siempre estuvo en el ‘Rey de los Deportes’ pues, como asegura él, hay que dedicarle tanto cabeza como fuerza y la unión de estos permite la agilidad que este requiere. Cuando no está entrenando dedica su tiempo a tocar la guitarra acústica española, actividad que hace desde hace 2 años. “Los dos me gustan y me siento bien haciéndolos pero si me toca escoger, preferiría el béisbol aunque seguiría tocando, no podría escoger, antes seguiría mejorando en los dos”, asegura José.

Miguel Ángel Flores, su hermano, hace un año toca también la guitarra. Fueron sus padres quienes le propusieron que tocara un instrumento y como José ya tenía la guitarra, se motivó a tocarla también. Tiene 9 años e increíblemente juega desde que tenía 1 año y 6 meses, iniciando en la división Pañalitos del mismo club. Entrena todos los martes y jueves y el resto del tiempo libre lo dedica a su pasión musical.

Santiago Leyva Ayala tiene la posición de pitcher en el juego, le encanta hacer strikes y esforzarse siempre, ya que es un factor importante para salir ganadores en cada juego. Es el segundo Festival de Béisbol al que asiste y, con una sonrisa, asegura que Medellín le ha gustado mucho, sobre todo la Plaza Botero, además de poder tener la experiencia de jugar en otro país, competir y conocer personas. Juega hace 5 años y espera, próximamente, que sus padres le permitan entrenar más días a la semana para entrenar más duro. Toca el piano hace 1 año y se siente bien cada vez que puede aprender más notas para tocar en su piano de cola. Ha estado en dos conciertos y espera poder mejorar en la música, sin descuidar el deporte.

Maximiliano Castro comenzó con la música hace casi 6 años por simple curiosidad pues sus dos hermanos tocan el piano y el bajo, por lo que él decidió buscar un instrumento que los complementara y hoy con 11 años ya toca la batería de manera más fluida, “a través de la batería de alguna maneta me puedo expresar” comenta Max, como todos sus compañeros le llaman. Aun cuando fue primero la música la que llegó a su vida, hace 3 años juega béisbol, deporte que le permite ejercitarse y, sobretodo como cátcher, ser un líder pues su posición le permite tener la visión de todo el campo.

El equipo mexicano tiene su propio ritual, además de las porras, para la suerte, y es ponerse las gorras al revés, agüero que hasta ahora les ha funcionado pues este es su segundo año en el que demuestra ser un equipo con las suficientes competencias y aptitudes para llegar a la final quedando en el 2016 como campeón. “Esto no se termina hasta que se termina”, dice José Alejandro para recalcar que aún tiene una final que jugar.

El zurdo que busca dar el golde de efecto en el tenis de mesa

Fotografía de: Ándres Ángel
Por: José Alejandro Calderón

Samuel Restrepo tiene 12 años y viene del municipio de El Retiro, participa en el Festival de Tenis de Mesa y es uno de los pocos jugadores zurdos en competencia. Practica ese deporte hace unos dos años y viene con la intención de ganar en su segunda participación en ese evento.

Se inició en el tenis de mesa impulsado por el progreso de su hermana mayor en ese deporte. Él asistía a los entrenamientos y la acompañaba en los torneos. Un día se acercó al coliseo donde ella practicaba y le pidió al entrenador que lo dejará jugar, fue recibido con un “bienvenido”. “Yo vi a mi hermana y vi que a ella le iba bien y yo buscaba un deporte en el que yo me pudiera acomodar, entonces encontré el tenis de mesa y me gustó mucho… Al hallar este deporte me encontré conmigo mismo, yo sabía que en ese deporte iba a triunfar”, cuenta Samuel.

Su forma de jugar es especial, no solo por ser zurdo, sino también por el material que utiliza en su raqueta: el caucho tiene un patrón rugoso que permite darle un efecto peculiar a bola. En la mesa se ve como Samuel “engaña” y hace amagues a sus rivales. “Yo, al ser zurdo, tengo mucha ventaja contra los derechos porque los puedo enredar”, cuenta él. Además afirma que el caucho que utiliza le imprime un efecto a la bola que dificulta que esta ascienda y pase por encima de la malla cuando es impactada por el oponente.

Por otro lado Santiago Buitrago, su entrenador, explica que para un diestro es incómodo enfrentar a un jugador de perfil el izquierdo, porque es como si la mesa estuviera al revés y añade que por lo general los zurdos son muy habilidosos y Samuel no es la excepción.

El zurdo de El Retiro es un jugador emocional, celebra cada punto con fervor, empuña sus manos y grita, ¡bien!, ¡vamos! A veces tanta intensidad juega en su contra. Se desconcentra, siente frustración y pierde el enfoque, pero reconoce que todo eso hace parte de su aprendizaje: “Yo siento alegría, porque sé que puedo ganar o perder, pero con la derrota aprendo más y puedo llegar a la victoria”, concluye.

El Paisita llegó a ponerle corazón al Festival de Festivales

Fotografía de: Andrés Angel
Por: Carolina Baena

Además de los deportistas y el incansable público, en el Festival de Festivales hay otro protagonista que con su inmenso carisma se roba todas las miradas, con su alegría contagia a todos los asistentes y con su ternura se instala en todos los corazones. Ese personaje no es otro que El Paisita, quien vive y vibra esta fiesta deportiva con toda la intensidad.

Este personaje tierno y soñador explica que el Festival de Festivales lo emociona profundamente, pues en todos los escenarios se siente el amor, el calor familiar, la emoción de quienes alientan a sus hijos, nietos, sobrinos; pero sobre todo se siente la adrenalina de haber llegado a los escenarios de la Unidad Deportiva Atanasio Girardot.

Al preguntarle al Paisita sobre su deporte favorito, su rostro se llena de dudas pues como él mismo dice, la práctica de cualquier deporte trae beneficios y retos; no obstante, indicó: “hay unos escenarios en específico que lo han recibido muy bien y que eso es lo más satisfactorio, contagiarse de todo lo bonito que hay en cada uno de estos espacios. Expresa que en la clausura de patinaje lo alabaron y se alegraron con su presencia, en la apertura del Ponyfútbol fue muy emocionante ver la reacción de la gente cuando interactuaba con ellos y cuando llegaba con mi energía hacer parte del Festival, en atletismo también se sintió esa gran acogida cuando llegué, los chicos y del público, toda la gente bonita que viene hacer parte de esta gran fiesta que nos reúne a todos en familia, año tras año, me siento muy acogido y feliz de estar aquí.

Ahora que se acerca el final del Festival de Festivales 2017, el Paisita quiere dejar un mensaje a todos los niños y, con esto en mente, recordó que hace unos días vio una mamá que alentaba a su hija con una pancarta que decía: “lucha por tus sueños” y es que para él justamente eso es el Festival: luchar por el sueño de querer ser un gran deportista.

Vino desde Ibagué con la ilusión de ser parte del Festival de Tenis de mesa

Fotografía de: Andrés Angel
Por: José Alejandro Calderón

Sarita Mora de 11 años y Juan Mora son padre e hija, ambos conforman la delegación del departamento de Tolima para el Festival de Tenis de Mesa y vinieron con grandes expectativas frente al evento.

Ella entrena tenis de mesa hace 8 meses aproximadamente, todo empezó un día en el que iba por la calle y pasó cerca de un lugar donde jugaban este deporte e inmediatamente se sintió atraída y al día siguiente comenzó a practicar. Desde entonces, a pesar del poco tiempo que lleva jugando, ha participado en varias competencias: Top Colombia, Estrellas del Futuro y dos torneos nacionales. Lo que le gusta de su deporte es que “hay que tener mucha fuerza mental y ser muy inteligente, ver a los jugadores y saberles jugar.” Su objetivo es llegar a la final de individuales sub 13 en el Festival.

Julián Mora, además de ser el padre de Sarita hace las veces de entrenador para este certamen. Su impresión hasta ahora ha sido muy positiva. Reconoce que el venir participar es un paso importante en el proceso deportivo de su hija; pero lo que más lo ha emocionado es el público y la cantidad de deportistas: “Siento emoción porque es algo muy bonito, ver la cantidad de gente que viene y se agrupa aquí en lo que tiene que ver con el tenis de mesa. Nos sorprendemos porque en la Liga del Tolima no se ve tanta afluencia.” Él cierra con un mensaje de gratitud, pues además de elogiar la magnitud y la organización del Festival de la Corporación Los Paisitas, le parece que es un acontecimiento muy especial.

Santiago se despide del Festival de Festivales

Fotografía de: René Tobón
Por: Paola Andrea Garzón

Como “La Pulga Tafur” lo conocían hace 6 años cuando llegó a su primer Festival de Béisbol en Medellín. Santiago Tafur, hoy con 12 años, es uno de los beisbolistas más antiguos que ha acogido la Corporación Deportiva los Paisitas en el Festival de Festivales. Sin embargo, por su edad, este año deberá despedirse de continuar con la tradición de viajar de la capital a Medellín a disfrutar de este evento que le permite desarrollarse como deportista.

Ha tenido la oportunidad de participar en varios torneos en diferentes ciudades como Barrancabermeja, Barranquilla, Cartagena y hasta San Andrés, pero afirma que este es el mejor al que ha asistido por ser muy organizado y tener buenos árbitros y personal que apoya, además de que le encanta el clima de la ciudad de la “eterna primavera”. Con su mirada un poco perdida en recuerdos dice en voz baja que le hará mucha falta volver cada enero a participar de un festival como este y le pregunta a su padre si pueden seguir viniendo aunque fuere solo a mirar y hacerle fuerza a sus compañeros desde las tribunas.

A los 6 años Santiago practicaba el fútbol gracias a su padre quien era futbolista, pero un día haciendo zapping al televisor se detuvieron en el deporte del bate y su curiosidad por comprenderlo fue suficiente para que, en adelante, reemplazara el balón por el guante pues la posición de pitcher es la que más disfruta, tanto así que está entrenando fuertemente para ganar una beca universitaria en Canadá o Estados Unidos como lanzador.

Aun cuando está absolutamente concentrado en el béisbol el cual entrena todos los fines de semana, en el colegio juega fútbol, voleibol, baloncesto y quiere, cuando termine la etapa escolar, estudiar arqueología porque siente que es un juego, o biomecánica pues quiere ayudar a quienes tienen alguna discapacidad motriz como su padre, o derecho, por todos los viajes que puede llegar a hacer con la profesión. Mientras se decide por sus estudios universitarios, la pelota y su guante serán sus compañeros fieles y así llegar a ser como un Adam Wainwright, reconocido pitcher de los Cardenales de Estados Unidos.

Sonsón quiere volver a la cima del tenis de mesa

Por: Johan Escobar Sánchez

Con esfuerzo, sacrificio pero sobre todo motivación, llegaron a Medellín a construir historia, pues su participación en el Festival de Festivales, para muchos, es la primera oportunidad de competir en un torneo con deportistas de otros municipios y departamentos.

Son 13, pero representan el clamor de 38.000 sonsoneños que quieren volver a ver a Sonsón en los primeros lugares de importantes torneos departamentales y nacionales, como algún día lo fue.

“Para Sonsón participar en el Festival de Tenis de Mesa de la Corporación Los Paisitas significa la oportunidad de volver a lo que algún día fue Sonsón en este deporte. Cultivando esta semilla de deportistas fortaleceremos nuestros semilleros para poder tener grandes frutos y ser victoriosos como lo queremos” expresó Jorge Andrés Arango Arango, instructor del municipio.

Sus nombres: Dayana Betancur, Juanita Giraldo, Yeferson Alarcón, Santiago Valencia, Deyson Carmona, Lorena Mendez, Daniela Cardona, Valentina Cadavid, Valentina Posada, José David Sánchez, Sebastián Alarcón, Andrés Zapata y Juan David Ocampo… Sus sueños: figurar para Sonsón a nivel departamental y nacional.

Michael, un bailarín al bate

Fotografía de: René Tobón
Por: Alejandro Rave Franco

Desde la ciudad amurallada de Cartagena vino el equipo “Javier Romero” y en sus filas también arribó Michael David Puerta, un niño de tan solo 10 años de edad que participa por primera vez en el Festival de Béisbol, experiencia muy grata para él por la ardua competencia que tuvieron, los hits que conectó, las pelotas que lanzó y por conocer una ciudad diferente a donde vive.

Michael fue visto por su entrenador Javier Romero, hijo del dueño del equipo para el que juega el niño, y que pudo observar en él la dedicación y actitud necesarias para jugar béisbol. Por eso lo invitó para que saliera de las escuelas populares del IDER en Cartagena e ingresara en el club con una beca del cien por ciento, siendo el único niño en tener ese privilegio. “Me gustaría formar a Michael como un profesional en el deporte, pero lo primordial es que sea una buena persona y con estudios”, comenta su entrenador que en el Festival ha sido como un padre para Michael.

Pero no solo el béisbol acapara el tiempo libre de Michael, pues las danzas se han convertido en un ‘hobby’ muy especial para él: “Yo me concentro mucho cuando bailo, pero me gusta más poder disfrutarlo y divertirme haciéndolo”, afirma Michael, quien ingresó al grupo de danza de su colegio donde cursa quinto grado de primaria. Aunque ve el baile como un buen pasatiempo, nada lo distrae de su pasión entre los bates y guantes.

Javier Romero destaca mucho de Michael el empeño que le pone a su deporte, pues su casa queda a media hora caminando del punto de entreno, razón que no le impide para asistir a cada entrenamiento tres veces por semana. El niño es zurdo, algo que para Javier es poco visto en el béisbol y de lo que quiere sacar el mayor provecho posible, convertirlo en un gran bateador y pitcher, misma línea de Michael que sueña con “ser un excelente beisbolista y jugar las Grandes Ligas con Kansas City y dar a mis papás todo lo que ellos necesiten”.