1 vs 1 con Juan Parada

Fotografía: Luis Benavides

Por: Mateo Arroyave Díaz

 

Como seguidor fiel del show y las emociones que ofrece el deporte creado por James Naismith en 1981, es un placer poder ver en acción a las jóvenes promesas de la pelota naranja en el certamen deportivo para niños más importante de Colombia.

Son muchos los deportistas que ves en acción, pero pocos los que se quedan grabados en tu mente. Logré detallar bien sus características de juego desde los cuartos de final y, a pesar de ser base, se me fue inevitable no pensar en Kobe Bryant al verlo en acción. Su garra ofensiva y liderazgo dentro de la cancha me recordaron de inmediato a la eterna leyenda de Los Angeles Lakers.

No podía perder la oportunidad de tenerlo tan cerca, algo dentro de mí me dice que formará parte de la élite del baloncesto en unos años. Me acerqué y aproveché para hacerle unas preguntas a Juan Parada, protagonista de Colombia Real Bogotá en la fase final del Baby Baloncesto:

¿Cómo empezó el amor que tienes hoy en día con el baloncesto?
Cuando tenía 9 años me ofrecieron jugar con el equipo del colegio, quise darle una oportunidad y me terminé enamorando de este deporte.

¿Un jugador que te inspire?
Stephen Curry. Me gusta mucho su estilo de juego, me motiva a entrenar más y a presionarme a mí mismo para cada día ser mejor.

En la cancha se te ve con mucho carácter, háblame acerca de ello.
Es por pasión al deporte. Siento que algunas veces me dejo llevar por mis emociones y todo eso. Hay que controlarlo porque si lo llevó al extremo puede ser malo. Es algo que debo aprender a controlar.

(Obviamente tenía que decírselo) Cuando juegas me recuerdas a Kobe, ¿sientes afinidad por él o por la Mentalidad Mamba?
Es un honor que me digas eso, la verdad, porque Kobe también fue uno de los jugadores que me inspiró a entrenar más, por su mentalidad y su estilo de juego. Como lo decía él, cada día hay que exigirse más y esperar de mí lo que nadie más espera.

Define el baloncesto en una palabra:
Perfección.

¿Cómo te ves en cinco años?
Siendo optimista y siguiendo entrenando, Dios quiera, en una universidad de Estados Unidos jugando en primera división.

 

Fortaleza mental, factor clave para ser campeón

Fotografía: Luis Benavides

Por: Mateo Arroyave Díaz

 

Caerse está permitido, pero levantarse es obligatorio. No es fácil recuperarse en la parte física y mental después de una lesión, menos si esta compromete una parte del cuerpo que es fundamental en la disciplina. Días antes de ir a Bucaramanga para jugar el Torneo de Garcis, Ámbar Nieto se fracturó los dos codos en medio de un partido; pudo ser el final de su carrera, pero para ella fue solo el comienzo de un proceso de maduración.

La historia comenzó en Bogotá a mediados de febrero de 2021 en la disputa por un balón. Su deseo de no perder la posesión la llevó a caer sobre sus dos brazos, quedando inmovilizada durante un mes, tiempo en el cual dependió de la ayuda de sus seres queridos para cosas tan básicas como alimentarse. Para su técnico, Andrey Rincón, aquellos factores no eran impedimento para viajar con el equipo, pues allí, la pívot podía aportarles a sus compañeras desde otra faceta.

Ámbar dejó de lado su uniforme de jugadora y empezó a portar con orgullo la indumentaria de asistente técnica, una experiencia que la hizo crecer bastante en la parte deportiva: “Aproveché para aprender muchísimo del profesor Andrey, cosas como analizar a los equipos, referenciar a las rivales y plantear diferentes estrategias de juego para poder sacar adelante un partido”, afirmó la chica de 13 años.

Siempre se mantuvo positiva y tuvo presente que aquella lesión la iba a volver mucho más fuerte. Subió de peso, perdió efectividad en su lanzamiento y tuvo otros inconvenientes, pero sacó pecho a la situación, entrenó más que nunca para recuperarse y al final se ganó un cupo dentro de la plantilla que participó en el Festival de Festivales.

El 16 de enero de 2022, en compañía de todos sus familiares en el coliseo Iván de Bedout, la bocina sonó decretando que el partido había acabado, pero a diferencia de otros encuentros, Ámbar esta vez se abrazó de inmediato con sus compañeras del Club Madelena Bogotá, pues al vencer 61-38 al Club CMP Adida en la final del Baby Baloncesto, la joven pudo tocar la gloria eterna con sus manos.

Todo su esfuerzo valió la pena, y ni las lesiones ni los tropiezos le imposibilitaron alcanzar su sueño: ganar la medalla de primer puesto.

 

Emely, el corazón de Madelena

Fotografía: Luis Benavides

Por: Juan Pablo Mejía Vásquez

 

Después de una semana de competencia le llegó el momento a Emely, la jugadora con más sacrificio del club Madelena de Bogotá. Los asistentes al coliseo Iván de Bedout fueron testigos de la mejor actuación individual femenina de todo el Baby Baloncesto 2022.

Años de preparación, recorridos extenuantes y un cambio de mentalidad, llevaron a la jugadora nacida en el municipio de Soacha a disputar el Festival de Festivales, y es que, Emely Vanegas lleva el baloncesto en la sangre. Desde los 7 años empezó su pasión por la pelota naranja debido a su madre, quien tiene su propio club en Cundinamarca.

Además, la número 10 en su camiseta, no solo tiene años de trayectoria en las canchas, también tiene cientos de kilómetros a sus espaldas, dado que su hogar queda aproximadamente a 90 minutos en bus de la sede del equipo.

Para su entrenador, Andrey Rincón, Emely es el corazón del conjunto capitalino: “No conozco una jugadora con más actitud, siempre da su máximo esfuerzo. Cuando llegó era muy individualista y ahora es la que mejor juega en equipo”.

En la final femenina, la escolta tomó el liderazgo ofensivo y poco a poco fue apagando las esperanzas de los aficionados del Club CMP Adida, quienes apoyaron eufóricamente al equipo local, pero vieron a Emely anotar triple tras triple y alargar la diferencia en el marcador. Finalmente, la chica terminó con 21 puntos a su favor, fue la máxima anotadora del compromiso más importante del torneo y se coronó campeona con Madelena del Babybaloncesto.

*. Historia de vida Indeportes Antioquia

 

Luis, el rey del Baby Baloncesto

Fotografía: Luis Benavides

Por: Mateo Arroyave Díaz

 

El trabajo duro, las largas sesiones de entrenamiento, el lanzar una y otra vez para mejorar su mecánica de tiro, a tal punto que muchos pudieron llegar a pensar que todo ello era una perdida de tiempo, pero no, nada de esto fue en vano. Cada gota de sudor que derramó, cada grito de dolor que su cuerpo expresó, todos los pensamientos de frustración que llegaban luego de las malas actuaciones… todo ello era apenas el comienzo de una historia llena de éxitos.

Tanto esfuerzo puede llevar a que se quiera tirar la toalla en más de una ocasión, y más si eres un niño, pero, ¿si te dijeran que algún día serás el protagonista de la gloria eterna en el Festival de Festivales?, tal vez los deseos de abandonar el deporte nunca aparecerían. Luis Martínez nunca lo supo, pero sí tuvo siempre algo presente: jamás darse por vencido, las siembras finalmente han dado fruto, y el base de Vaqueros de Yopal marcó un antes y un después en su carrera deportiva.

Ganar la medalla de primer lugar, ser el máximo anotador del torneo y también hacerse con el premio de mejor rebotero, es algo que pocos pueden llegar a alcanzar. A sus 14 años, luego de dos experiencias participando en el Baby Baloncesto, el jugador de Casanare lo logró, cerrando además con broche de oro su participación en el Festival, no solo por sus 27 puntos, 16 rebotes y 4 asistencias en la final del certamen, sino también por liderar a su equipo en la cancha cuando el marcador estaba en su contra.

“Un logro demasiado grande porque en anteriores ediciones yo ya había asistido y no había logrado destacarme tanto”, declaró el base, minutos después de haber finalizado su último partido en la XVI edición de baloncesto en el Festival.

Sus 199 puntos conseguidos en tan solo ocho partidos son una muestra de la capacidad deportiva con la que cuenta Luis, hombre que se robó todas las miradas en la ceremonia de premiación realizada en el Iván de Bedout. Ahora, permaneciendo la búsqueda de alcanzar sus sueños, el jugador más destacado de Vaqueros seguirá esforzándose entrenamiento tras entrenamiento para así lograr su cometido: vestir la camiseta del seleccionado tricolor de mayores.

Un vínculo que va más allá de las canchas

Fotografía: Luis Benavides

Por: Mateo Arroyave Díaz

 

“Hermanos de diferentes madres”, es uno de los dichos más escuchados en la época actual, pero, ¿qué tal si planteamos la frase enfocándola en una relación madre-hija?, Ah, y con el agregado especial de que todo se dio gracias a la pelota naranja que, cuando tiene contacto con la red, genera miles de emociones en los amantes del deporte de los crossovers, mates y robos.

Geraldine Torres, entrenadora del Club Alfa, y Sara Valencia, capitana del equipo, protagonizan una historia que va más allá de los partidos y entrenamientos. Todo comenzó hace cinco años cuando la mente creadora de las estrategias daba clases de baloncesto en la Escuela Antonia Santos, ubicada en el barrio Boston de Medellín. Allí, un día, la base del conjunto antioqueño vio a Geraldine con un uniforme del Inder Medellín, y esto, combinado a su amor por el deporte, la llevó a acercarse a quien ahora considera como una segunda madre.

Desde su primer entrenamiento en el semillero, Sara siempre quiso destacarse entre las demás jugadoras, actitud que la llevó ser considerada actualmente como la mejor jugadora de su plantilla. El tiempo fue transcurriendo y el amor por la pelota naranja llevó a que el prospecto de 13 años de edad fuese la mano derecha de Geraldine en todo el proceso de creación del equipo, que logró ubicarse en el selecto grupo de los ocho mejores equipos de la edición 16 del Baby Baloncesto.

“También, además de verla como una autoridad, la veo como mi mejor amiga en todos los aspectos”, declaró Sara mientras con orgullo miraba a su entrenadora; “Ella es mi niña, ella es mi hija, yo la quiero mucho”, fueron las palabras dichas de inmediato por Geraldine, que de manera notoria le cambió el tono de su voz, al momento de expresarle nuevamente a su pupila todo el cariño que siente por ella.

Su participación en el Festival de Festivales es apenas el comienzo de un camino formativo, tanto en lo deportivo como en lo personal, que quieren transcurrir juntas, y el cual empezaron a recorrer estando más que seguras de que la bonita relación que se creó gracias al baloncesto, perdurará por siempre en sus memorias y corazones.

 

Para Camilo, la tercera fue la vencida

Fotografía: Luis Benavides

Por: Mateo Arroyave

 

No todas las habilidades vienen incorporadas al ADN por nacimiento. En ocasiones, el trabajo duro es un forjador de las diferentes estrellas del deporte. El protagonista de esta historia tuvo que esperar a su tercera participación en el Baby Baloncesto para poder demostrarle a los fanáticos todas sus habilidades deportivas.

Muchas de las jóvenes promesas del baloncesto ven a Stephen Curry, jugador de la NBA, como un referente perfecto a la hora de hablar de superación personal. Camilo Corrales, perteneciente al Club Promesas de Antioquia, no es la excepción, y ahora, al pasar un año desde su llegada a la institución que lo recibió con los brazos abiertos, ofreciéndole acompañamiento en el desarrollo de sus capacidades, el escolta cuenta con el privilegio de ser comparado actualmente con sus compañeros de equipo ya pertenecientes a Selección Antioquia.

Al principio, como él mismo lo expresa, no era el más talentoso con la pelota naranja, pero su deseo de algún día hacer enloquecer a un coliseo después de un triple o un crossover, llevó a que Camilo se dedicase a practicar horas y horas, aprovechando además los momentos en los que veía a Curry desde su televisor, para así adaptar a su estilo de juego algunas de las técnicas que utiliza el base de los Golden State Warriors.

“Todo es gracias al compromiso de los profesores que se mantuvieron entrenándome y a todo lo que me han enseñado para poder explotar todo mi potencial y mejorar como jugador”, afirmó el joven de 14 años que, gracias a su notoria habilidad cada vez que entra a la cancha, ya varios equipos se han acercado a hablar con el Club Promesas con la intención de hacerse con su magia y liderazgo basquetbolístico.

La disciplina le gana al talento, una frase tan cliché, pero tan cierta a la vez, y casos como los de Camilo, un chico que en su momento supo levantarse y hacerles frente a las adversidades, son la prueba de ello. No se rendirá y no quitará el pie del acelerador hasta lograr su sueño, al igual que Curry, su ídolo: servir como un ejemplo de inspiración para los demás a la hora de sufrir caídas como las que él tuvo en su momento.

 

 

Una pequeña con grandes aspiraciones

Fotografía: Luis Benavides

Por: Valentina Flórez Correa

 

Entre cestas, saltos y asistencias, Mariana Vera, armadora y única chica categoría 2009 de su equipo, ha crecido en un ambiente donde el baloncesto, además de jugarse para practicar actividad física, se realiza para conservar la herencia de su familia, en donde el deporte es primordial.

Mariana llega desde Villanueva, municipio del Casanare, hasta la ciudad de Medellín con el propósito de jugar su primer Baby Baloncesto junto con su equipo, Fundación Brian Angola Femenino y, posteriormente, ser, como ella lo cuenta, “observada” o “seleccionada” por algún club de básquet, tal como ocurrió con su prima, quien ahora juega a la pelota naranja en Estados Unidos.

A pesar de ser la más pequeña de su quinteto, se esfuerza en sus entrenamientos por ser la mejor, y como lo dice su entrenador Esteban Adán, quien destaca su compromiso constante, “es la chica que primero llega y la ultima que se va en las jornadas de entrenamientos” y así, precisamente es que ha conseguido evolucionar para conseguir debutar con chicas mayores que ella.

Admiradora de LeBron James, jugador que actualmente pertenece a la plantilla de Los Ángeles Lakers de la NBA, es apasionada, respetuosa y alegre. Después de jugar en el Festival de Festivales sueña con hacer parte de la Selección Colombia sub 13 de Baloncesto, y su “profe” Esteban permanece convencido que, si continua con aquella disciplina y compromiso que la caracteriza, tendrá todo para lograrlo.

El envión anímico en busca de la gloria

Fotografía: Luis Benavides

Por: Mateo Arroyave Díaz

 

Los equipos entran al maderamen, una nueva jornada está por comenzar. Minutos después de los trabajos de calentamiento, los dos jugadores con mayor capacidad de salto se ubican en la mitad de la cancha mientras son respaldados por cuatro guerreros que van en busca de un mismo objetivo: hacerse con la victoria.

El balón tiene el primer contacto directo con el tablado y el público enloquece. En esta ocasión, como ha sido costumbre a lo largo del torneo, empieza el movimiento de las ondas sonoras que los oídos de los presentes detectan como extraños. Al pasar de unos pocos segundos, el cerebro asimila que todo se trata de cánticos entonados por voces mexicanas… el primer equipo internacional que participa en el Baby Baloncesto, no ha viajado solo.

El partido sigue su transcurso con las anotaciones, asistencias y rebotes que hacen enloquecer a los fanáticos presentes en el coliseo Iván de Bedout, en especial a los ubicados detrás de una bandera adornada por franjas verdes, blancas y rojas (sin olvidar el águila que se posa en el medio), los cuales gracias a su manera de apasionarse cada vez que la pelota naranja se mueve sin parar, se han convertido en los protagonistas en más de una ocasión en el pasar de los cuatro cuartos.

Sus canciones, gritos y aplausos los ha llevado a convertirse, desde la tribuna, en un jugador más dentro del plantel que ya logró ganar cuatro de sus primeras cinco batallas, que lo encaminan a disputar el enfrentamiento final el próximo 16 de enero en territorio visitante.

“Porque cantando se alegran, cielito lindo, los corazones”, retumba en más de una ocasión dentro del máximo coliseo antioqueño.

Así, siendo pieza fundamental para que el aspecto anímico de los 12 gladiadores funcione a la perfección, los familiares de FMB México hacen presencia a cualquier hora del día en el campo de juego, mismo terreno en donde esperan conquistar el trono en la ciudad de la eterna primavera, para de esta manera convertirse en el décimo sexto campeón de baloncesto en el Festival de Festivales.

Dos pasiones acogidas por un mismo escenario

Fotografía: Luis Benavides

Por: Mateo Arroyave Díaz

 

Juanita Betancur, quien hace unos años fue Selección Tolima, ahora vive el baloncesto, el primer amor de su vida, desde un área diferente, de una manera distinta, poniendo en práctica otra de las profesiones que la llena de felicidad: la medicina.

A los 14 años comenzó su historia en el ámbito competitivo con las cestas, asistencias y rebotes junto a la selección de su departamento participando en diferentes zonales, siendo el disputado en Bogotá el más recordado gracias a la obtención del campeonato en territorio visitante. A pesar de que su gran desempeño como base la llevó a ganarse un puesto en el seleccionado tolimense, Juanita en 2017 decidió abandonar las canchas para así poder dedicarse de lleno a estudiar la carrera que le permite hoy en día hacer lo que más le gusta.

Pero, por cosas de la vida, Juanita cumple su papel de galena en el Festival en una silla de ruedas. “Para mí es algo muy valioso ayudar a las personas. Puedo contribuir con mi conocimiento, puedo motivarlos al momento en el que una enfermedad los haga sentir incapaces… me vean a mí y se tranquilicen un poco más”, fueron sus palabras a la hora de hablar de esta labor que está realizando de manera cien por ciento social.

De esta manera, estando presente nuevamente en la cancha, pero ahora portando la vestimenta de médica en vez de la indumentaria que identifica a los basquetbolistas, Juanita está más que feliz de formar parte de esta edición del Baby Baloncesto, pues el poder ver y escuchar el balón cuando rebota, o el chillido de los zapatos cuando los jugadores frenan en la tablilla, es algo que le trae a su mente muchos bonitos recuerdos.

 

 

 

“Entre más grandes, más fuerte los ataco”

Fotografía: Luis Benavides

Por: Mateo Arroyave Díaz

 

Yenkéiver Suárez, con tan solo 13 años y unos 1,50 metros de estatura, comanda sin inconvenientes el ataque y es la pieza principal en la parte anímica del Club Dragones de Bello en el Baby Baloncesto.

Facundo Campazzo (jugador profesional de baloncesto argentino que pertenece a la plantilla de los Denver Nuggets de la NBA) al hablar del presente, o Tyrone Bogues (el jugador más bajo de toda la historia de la NBA con 1.60) al momento de viajar al pasado, son dos ejemplos perfectos a la hora de afirmar que la estatura es solo un número más dentro del terreno de juego. Yenkéiver no es la excepción, pues la madurez y talento que hay dentro del cuerpo del nacido en Caracas, la capital venezolana, ha sido factor fundamental para arrancar con un 2-0 a su favor en la XVI edición del certamen.

Juan Fernando Jaramillo, técnico y uno de los fundadores del club, sabe que la estatura no es un obstáculo para el armador principal de su equipo: “Él es un chico aguerrido, no le tiene miedo a nada y lo ha demostrado en estos partidos. El manejo de balón y la confianza que tiene le da para estar ahí en la cancha un buen tiempo. Cada vez que se enfrenta a un jugador con mayor talla que él, lo quiere enfrentar y busca la forma de anotarle una cesta o de robarle el balón”, puntualiza el estratega.

Teniendo su primer contacto con la pelota naranja en las canchas de Caracas, aprendiendo de las jugadas protagonizadas por su ídolo Stephen Curry, base de los Golden State Warriors, y bajo el lema de “entre más grandes, más fuerte los ataco”, Yenkéiver se ha ganado el cariño de más de un fanático en el Iván de Bedout que en él ve reflejado el nunca darse por vencido: “No hay que rendirse, uno debe darlo todo hasta el final porque todo se puede dar. Me sentí muy feliz porque saqué a mi equipo adelante”, fueron sus palabras al recordar su actuación en el tramo final del partido ante Club Pollitos del Chocó.

*. Historia de vida Indeportes Antioquia