¡El amor a segunda vista sí existe!

Fotografía: Jairo Piedrahita Lopera

Por: Lorena Parra Salazar

 

Hoy Valentina García Blandón tiene 8 años, pero se inició en el deporte a los 15 meses de nacida. Su amor a primera vista fue la gimnasia artística, la cual practicó durante 6 años y de la cual tiene los más lindos recuerdos. Con su experiencia no solo adquirió flexibilidad, agilidad, fuerza y equilibrio, sino también triunfos que la proyectaban como una de las promesas en la gimnasia artística.

La delicadeza y fuerza que brinda este deporte se evidencian en la mirada de Valentina, quien es callada y algo tímida, pero que al momento de hablar del deporte se desborda y le salen las palabras sin parar.

Y aunque la gimnasia le daba alegrías a Valentina y a su familia, ella sentía que necesitaba dar un giro de 180 grados. Este sería un nuevo reto para ella y para sus familiares, el cual estaban dispuestos a asumir porque la felicidad de Valentina es la de ellos.

Como en la vida hay amores a primera y segunda vista, llegó el ciclismo a su existencia, su otra motivación, el cual espera que sea para toda la vida. Esta pasión repentina surgió por un encuentro inesperado con Mariana Pajón, quien después una charla corta pero sustanciosa le dijo “SERÁS MEJOR QUE YO”. Sin saber cómo montar en bicicleta no desistió de su sueño y en un fin de semana con ayuda de sus familiares se subió a una y dio los pedalazos que cambiaron su vida.

Las palabras que la campeona olímpica le compartió retumbaron en su cabeza y hasta el día de hoy siguen siendo un impulso y motivación para no desistir del deporte que se ha robado su corazón.

 

Sofía disfruta de la velocidad

Fotografía: Donaldo Zuluaga

 

Por: Juan Felipe Vargas

 

Sofía Fernanda López es una de las deportistas que participa del Festival de Festivales. Ella no solo compite en el Babyciclismo sino que también lo está haciendo en el Babypatinaje. El lunes 6 de enero corrió por la mañana la competencia de ruta en su bicicleta y por la tarde se puso a prueba en la pista de patinaje.

Ella se destaca por la forma en la cual su cabello y alegría iluminan la competencia. Del mismo modo es muy común ver a su mamá, a su papá y a su hermana apoyando y alentando a Sofía desde la tribuna en cualquiera de sus carreras. Su familia la ha impulsado a que ella participe en el deporte y con tan solo 9 años ya está compitiendo a un gran nivel.

Ella ha practicado patinaje desde los 6 años y en ciclismo comenzó a los 8 años. Gabriela, su hermana, es ciclista profesional del equipo Avinal y la ha alentado a que entrene ciclismo también. Al patinaje, en cambio, llegó por diversión hace unos años. A ella le gusta salir a montar bicicleta con su familia para mejorar todos los días y compartir con ellos.

Ella acepta que, aunque disfruta de ambos deportes, el ciclismo es su deporte favorito. Espera llegar a ser muy destacada en ambas disciplinas, pero lo que más le importa dentro del Festival de Festivales es divertirse y aprender.

Las hermanas campeonas

Fotografía: Donaldo Zuluaga

Por: Juan Felipe Vargas

 

El séptimo Festival de Babyciclismo tuvo la fortuna de tener una espectadora de lujo: Carolina Vargas fue una de las deportistas juveniles más importantes de Colombia durante 2019 y estuvo en el Festival de Festivales acompañando a su hermana Valeria. Carolina es ciclista profesional y logró el oro en los Juegos Nacionales Juveniles, además de varios reconocimientos internacionales.

La menor no quiso quedarse atrás. Valeria no solo participó en el Festival sino que también fue una de las deportistas más destacadas de la competencia. Con tan solo 11 años, la oriunda de El Carmen de Viboral logró hacerse con la medalla de plata en la prueba contrarreloj y con el primer puesto de la prueba de ruta.

La pasión por el ciclismo es lo que más une a las hermanas del oriente antioqueño. El ciclismo ha llevado a las Vargas a compartir muchas alegrías y emociones. Es común verlas por la zona de El Carmen de Viboral montando bicicleta porque tal y como lo afirma Valeria «mi hermana es mi mejor entrenadora».

Carolina destaca que para ella y su familia es un orgullo ver a Valeria triunfando y siguiendo sus pasos en el deporte. Ella también invita a los jóvenes ciclistas a participar de torneos como el Babyciclismo para que puedan comenzar a conocer y a vivir el mundo del ciclismo.

La familia Saldarriaga lleva el ciclismo en la sangre

Fotografía: Donaldo Zuluaga

Por: Juan Felipe Vargas

María Clara Saldarriaga es una de las participantes del Festival Babyciclismo de la categoría Escolares. Su familia lleva varios años dentro del mundo ciclístico, ya que su abuelo Fernando Saldarriaga tiene un club propio y es su entrenador. Además, su papá Luis Fernando lleva 27 años como entrenador deportivo en ciclismo y ha trabajado en el club Manzana Postobón.

María Clara terminó muy contenta y cansada luego de la prueba contrarreloj individual y en los rostros de su familia se notaba el orgullo y alegría de ver a la niña de la casa practicando el deporte de sus amores.

Desde los 3 años Luis Fernando le ha enseñado a su hija a disfrutar de la bicicleta como deporte y a hacer del ciclismo una pasión. Ella, al haber crecido en un entorno de tanto deporte y ciclismo, se antojó de practicarlo y sus padres la han apoyado en todo el proceso, siendo la herencia que le ha dejado Fernando a toda su familia.

Desde su experiencia como director deportivo, Luis Fernando asegura que el Festival de Babyciclismo es una gran oportunidad, tanto para los niños que quieren aprender y disfrutar, como para los entrenadores que pueden aprovechar la participación para determinar los factores en los que se debe trabajar.

María Clara, luego de terminar con su primer día de competencias, estaba muy satisfecha con su presentación y expresó su deseo de alcanzar los primeros puestos en la prueba de ruta. Pero sin importar lo que suceda dentro de las competencias, ella ya es una ganadora para su familia.

 

Rueda siempre a tus sueños Isabela… Parte 2


Por: Luisa Fernanda Sánchez
Fotografía por: Luisa Fernanda Sánchez

La siguiente imagen que tuve de Isabela, el día después de hablar con ella y escribir su historia, fue caminando hacia una esquinita, donde se sentó a llorar y a demostrar su enojo o frustración, porque según me enteré, en la carrera que corría ese día, algo salió mal con su bici y tuvo que abandonar la competencia, la misma que había soñado correr.

La vi tirando su casco, rechazando su bici, diciéndole algo a su mamá que entendí como un “no quiero nada, déjame sola” y lo mismo hizo con aquel tumulto de personas que al ver su “condición”, se acercaron a decir palabras que ella probablemente no entendía. Con arrebato, los rechazó a todos e hizo valer su derecho a llorar en soledad.

Dejé que pasara la efervescencia del momento y pronto me acerqué con cautela. La saludé y le recordé que el día anterior habíamos conversado. Entre lágrimas me miró y asintió mi presencia. Le hablé y traté por todos mis medios de decir todo para tranquilizarla. Con reproche me confesó algunas cosas, en especial de su bicicleta y sus padres, y después de un rato pude hacer que saliéramos a buscarlos.

Caminamos. Yo con su bici y su casco, y ella con su manita secando sus ojos. Me dijo alguien que hasta salimos en una toma de la transmisión de televisión que se hacía en directo. Para evitarse los pasos, decidió volver a su caballito de acero y me reprochó por su cadena caída, la causante de su salida temprana de la competencia, y yo que estaba a su total servicio, me las di de mecánica para resolver el impase. Pero Isabela aún lloraba con rabia.

Seguí hablándole hasta que nos encontró su papá, que estaba distraído porque el hermano mayor de Isabela estaba en competencia y ni qué decir la mamá que estaba lidiando con su hermanito menor. Dejó que yo me quedara más tiempo con ella. Yo decidida a ahogar su tristeza, le ofrecí invitarla a lo que quisiera a cambio de su sonrisa. Y como dulce al niño, Isabela aceptó. “Busca lo que quieras y vuelve para que vamos a comprarlo», le dije.

Hizo las paces con su bici, se fue de mi vista y en cuestión de minutos volvió para decirme que quería un ‘raspao’. Su padre volvió, le pedimos permiso para comprarlo y el resultado, lo juzgan ustedes por la foto que le pedí a un transeúnte que nos tomara.

Al terminar, respiré profundo, volvimos a sus padres, me despedí y le reiteré a la distancia el anhelo más sincero que me inspiró haberla encontrado: Rueda siempre a tus sueños, Isabela.

La historia inicial de Isabela, su cicla y sus sueño la pueden encontrar en https://festivaldefestivales.com/rueda-siempre-a-tus-suenos-isabela/

 

Tatiana y Danna, entre bielas y familia


Por: Alejandro Rave Franco
Fotografía por: Andrés Ángel

La zona centro del país ha sido la cuna de grandes ciclistas para Colombia y desde Cundinamarca llegaron al Babyciclismo un par de primas que a puro pedal, quieren dejar huella en el Festival de Festivales y que no sea su última participación en la competencia.

Cucunubá es un municipio ubicado en el Valle de Ubaté, a 88 kilómetros de la capital del país y con cerca de ocho mil habitantes, y es donde residen Tatiana Castillo Malagón y Danna Contreras Malagón, quienes representan con orgullo a su pueblo y aprovechan al máximo su participación en esta competencia. “Correr en el Babyciclismo nos sirve mucho para ir mejorando el nivel para carreras más adelante”, afirma Tatiana, la mayor de las dos primas y que a sus once años se ve recolectando triunfos en un futuro.

Por su parte, Danna, la pequeña de diez años, es una escaladora sobre los pedales. La ubicación topográfica de su casa la han convertido en una buena trepadora sobre el caballito de acero y es una rutina que ella tiene como entrenamiento para demostrar su capacidad en el Festival: “Vengo a entregar todo de mí para poder ganar y quedar de primera”, dice la niña que está muy feliz de visitar Medellín.

De momento este par de primas entregan lo mejor de ellas para representar con orgullo no solo a su tierra Cucunubá sino a su familia, así como lo dice Tatiana: “Danna y yo tenemos una bonita relación y no queremos ofendernos entre nosotras, es una sana competencia y por una sola razón, nuestra familia”

El sube y baja de la cicla


Por: Rodrigo Pérez Ríos
Fotografía por: Andrés Ángel

Tan solo seis meses estresando su cuerpo en intervalos regulares y recuperaciones adecuadas, le permitieron a Juan Manuel Rodas Caro iniciar su carrera de ciclista con miras profesionales. Por ahora, y a sus 10 años de edad, haciendo sus primeros pedalazos en el Babyciclismo del Festival de Festivales.

Según él, solo la bicicleta le ha permitido cambiar su estilo de vida y rebajar unos ‘kilitos’ de más. “Yo era más gordito de lo que soy ahora. Todavía me falta, pero he mejorado mucho, estoy enfocado. Y eso que apenas empecé”, afirmó.

Su madre, Carollina Caro, lo acompaña en todas sus travesías sobre la bicicleta. Por cierto, está recién traído. “Le dimos en la casa una bicicleta de ruta la pasada navidad. Fue un esfuerzo muy grande del papá y yo, pero lo vale. La felicidad de él es la nuestra. Está empezando, pero deseo siga y recoja los frutos”, señaló.

Juan Manuel se cayó empezando la competencia de ciclismo de ruta en la categoría pre-infantil, con su equipo ‘Los Amigos del Ciclismo’. Pese a sus raspones en manos y pies, se levantó. En su período de recuperación mantuvo la consistencia, cambió su enfoque y mejoró su resistencia aeróbica. Aunque ya era tarde para alcanzar y competir por uno de los primeros tres puestos, entendió que la vida es de caídas y altibajos: “Está en uno levantarse y seguir”, agregó.

Este pequeño ciclista, estudiante de primaria y habitante de la Comuna 5 de Medellín (Castilla), sueña con seguir bajando y subiendo… no de peso ni de caídas, sino, de rutas recorridas en su bicicleta.