Lo tierno no quita lo guerrera

Fotografía: Luis Benavides

Por: Mateo Arroyave Díaz

 

“Eso no es un deporte para niñas”, dijeron algunos, “esto es lo que realmente me apasiona” dijo en su lugar Katalina Castillo Pino, la niña que no se sintió a gusto ni con el ballet ni con el patinaje. Su verdadera felicidad la encontró en las artes marciales.

Una tarde de septiembre en 2021, la niña tierna de la casa llegó del colegio como de costumbre, todo transcurría con normalidad… Lo que desconocía su madre y sus hermanos mayores en aquel momento, es que Katalina iba a contarles algo que los dejó con la boca abierta: con apenas 10 años, se inscribió en clases de judo.

Saber que la más pequeña del hogar iba a practicar una disciplina que implica golpes y contacto físico constante, en un principio llenó de dudas a su familia. Aun así, Yolanda Pino, su madre, se aseguró de que Katalina se sintiera apoyada desde el primer minuto, respaldo que fue fundamental para que la menor alcanzara dos medallas, una de oro y otra de plata, en la cuarta edición del Baby Judo.

Lo que más sorprende de las preseas obtenidas en la jornada de competencia, es que la plateada la consiguió en una modalidad un poco desconocida para ella. Apenas tuvo tres días de preparación previo a su participación en la modalidad de Kata, dándole esto mucha más importancia a su reconocimiento. Claro, no se olvida su distinción dorada, la cual Katalina logró en la prueba individual sub13 femenino (-31 kilogramos).

Tener una personalidad delicada, ser amante de la poesía, y participar en las obras de teatro y los actos cívicos en el colegio, no significa que no exista la oportunidad de convertirse en una judoca profesional. Al contrario, el tatami es un escenario en donde pueden salir a flote las actitudes que se esconden en lo más adentro del ser:

“Es la princesita de la casa, le gustan muchos los abrazos, pero cuando entrena se le sale lo guerrera, demuestra su fuerza y su potencial. Es bonito ver esa otra faceta de ella”, dijo Yolanda de manera orgullosa acerca del aporte que el judo le ha traído a la vida de Katalina.

 

Judo, el camino hacia la plenitud espiritual

Fotografía: Luis Benavides

Por: Mateo Arroyave Díaz

 

Era un día común y corriente en la vida de Juan José Benítez. De repente, un vecino le preguntó si le gustaba el judo… cuando eso tenía 8 años y no sabía nada acerca de la disciplina. Después de una serie de videos sobre este arte marcial todo cambió, y este deporte llegó a hacer las veces de tutor y psicólogo en su vida.

No fue el fútbol, tampoco una actividad que implicara una pelota… el tumbar a su contrincante en el tatami se convirtió en su pasatiempo favorito para, más allá de ganar medallas, poder adquirir disciplina, lograr controlar sus emociones, alcanzar estabilidad en su parte espiritual y quitarse de encima todas las “malas vibras”. Para Juan José todo mejoró gracias al “camino de la suavidad”.

De igual manera, se siente feliz al llenar de orgullo a su familia gracias a los títulos individuales que ha alcanzado a su corta edad. En los intercolegiados del año pasado, representando a la Institución Educativa Antonio José de Sucre del barrio Itagüí, Juan José alcanzó la medalla de oro en Kata, siendo esta la primera presea dorada alcanzada en su carrera.

Su carácter y personalidad estuvo presente en la cuarta edición del Baby Judo, y a pesar de no haber ampliado su palmarés en dicha competencia, Juan José se fue tranquilo del coliseo Guillermo Gaviria, pues sabe que esta experiencia lo acerca mucho más en la búsqueda del objetivo principal de su disciplina: por medio de la práctica alcanzar el desarrollo físico, mental y emocional.

“Puedo liberarme de la rabia, los miedos y la tristeza”. Diez palabras fueron suficientes para que se reflejara el hombre interior que se postra dentro del niño de apenas 11 años.

“El judo puede con todo”

Fotografía: Luis Benavides

Por: Yeison Velásquez Hernández

 

Terminan las competencias del Baby Judo y Samuel Castaño Builes, deportista del Inder de Medellín, atiende a medios de comunicación, concede entrevistas y posa ante las cámaras y lo iluminan los flashes de los fotógrafos que hacen el cubrimiento periodístico del Festival de Festivales.

Este judoca, oriundo del barrio La Sierra de Medellín, acaba de vivir una experiencia inolvidable: se quedó con el primer lugar en las modalidades de equipo y combate.

El camino para conseguir esta hazaña no fue nada fácil para Samuel debido a que unos meses atrás sufrió un accidente doméstico que casi termina con sus aspiraciones deportivas: “Yo estaba en mi casa y saltando un muro me corté gravemente la pierna izquierda, perdí mucha sangre y los médicos me dijeron que no podría volver a competir y menos en un deporte de contacto como el judo”.

Sin tapujos, cuenta que su principal temor fue no volver a pisar un tatami, pero su capacidad de resiliencia y el compromiso con el deporte que ama lo hicieron superar esa difícil situación: “Lo que más me preocupaba de mi accidente era el hecho de perder la movilidad de mi pierna y no volver a los entrenamientos. Estuve muy triste durante varios meses, pero rápidamente reflexioné, trabajé mucho para recuperarme y siempre pensé que el judo puede con todo”.

Más allá de la gran actuación que tuvo en el Festival de Festivales y las medallas obtenidas, Samuel considera que los objetivos por los que trabajó tanto se han complido, pues recuperó su salud y la alegría que siente cada vez que se pone un judogi.

Un largo viaje con una alegre recompensa

Fotografía: Karina Arango Carbonó

 

Por: Karina Arango Carbonó

 

Johan Santiago Perdomo viajó 432 kilómetros para lograr su primera participación en el Babyjudo del Festival de Festivales. Fuera del tatami este judoca refleja ser un niño tierno y noble, pero una vez en el campo de combate, él saca a relucir toda su fuerza y destrezas en el judo, que hasta el momento ha aprendido al lado de su entrenador Jeison Rodríguez.

“Llevo un año y medio practicando este deporte y me ha gustado mucho. Cuando compito me siento muy feliz, libre y la emoción que se siente es única”, narra Johan, competidor del Babyjudo en la categoría Sub 12 masculino 48 Kg, quien ha sido portador de medallas de bronce y plata en combate individual.

Johan hace parte de la delegación de Cajicá y participa en este certamen por primera vez junto con su equipo. Cuenta su entrenador Jeison Rodríguez que hace un año no fue posible hacer parte del Babyjudo por falta de recursos, pero en esta ocasión contaron con mayor apoyo para participar en este evento que se ha convertido en uno de los más importantes para los niños.

La historia de Johan en el judo inicia gracias a que su madrina lo motivó a ser un judoca más. Como muchos niños, Johan practicaba un deporte completamente diferente al judo, así que al conocerlo prefirió dejar de ser un nadador y dedicarse 100% a esta disciplina deportiva. “Lo mío es el judo”, enfatiza el judoca.

“Muchos creen que es fácil practicar un deporte de combate, pero la realidad es otra. En el caso de chicos como Johan, la alimentación y la disciplina deben ir de la mano para poder salir adelante en este deporte”, sostiene su entrenador Jeison Rodríguez quien asegura que para poder controlar el peso de estos deportistas es fundamental el acompañamiento de un nutricionista y el control de sus padres para cumplir a cabalidad el plan de alimentación, de esta manera el niño puede competir en la categoría adecuada.

“El judo es una parte de mí”

Fotografía: Donaldo Zuluaga Vellila

Por: Karina Arango Carbonó

 

Para muchos el deporte es el motivo que tienen para levantarse todos los días y la mejor oportunidad que llegó a sus vidas para salir adelante y ser reconocidos.

Así se siente Valery Rodas al hablar del judo, porque cada vez que lo menciona aparece en su rostro una sonrisa de oreja a oreja: “Es inexplicable lo que siento por este deporte. Cuando entro al tatami me siento libre, emocionada. Nadie jamás podrá hacerme dejar el judo”, recalca esta judoca que hoy hace parte del Babyjudo del Festival de Festivales.

Valery integra el grupo del Inder Medellín en este evento deportivo y cuenta su entrenadora Sara Zapata que “es una deportista muy disciplinada y persistente, eso sin duda acompaña el talento que tiene”. Del mismo modo, la direccionadora reitera que como deportista tiene una gran proyección y la expectativa es que alcance una nueva medalla de oro en este torneo. “Empecé en este deporte porque la profesora visitó mi colegio, la Institución Educativa Gabriel García Márquez, y nos habló sobre el judo. A mí me pareció muy interesante y ese mismo día me inscribí”, narra la jugadora.

La judoca vecina del barrio Caicedo enfatiza en lo que hasta ahora ha logrado en el deporte. Ha sido campeona departamental y obtuvo el punto más alto del podio en el clasificatorio para el Festival de Festivales. Además, sostiene que el esfuerzo que ha hecho para llegar a este punto ha sido el motivo de tantas victorias. “Lo más importante es ponerle todo el corazón”, afirma.

En un comienzo los padres de Sara no estuvieron de acuerdo con que Valery practicara este deporte, ya que no lo consideraban muy femenino, pero las entrenadoras los convencieron y ahora la apoyan en todo momento. “El judo es una parte de mí”, recalca la niña asegurando que desea avanzar mucho en este deporte y enseñarlo en un futuro.

“El judo me ha enseñado que debo esforzarme siempre, que si algo falla hay que volverlo a intentar. Pierda o gane siempre se debe seguir, hay muchas oportunidades y por perder una vez no quiere decir que más adelante no se pueda ganar”, plantea la deportista que ha ganado más de 20 medallas, las cuales tiene exhibidas en una de las paredes de su habitación.

Paulina prefirió el judogi

Fotografía: Luis Benavides Puché

Por: Karina Arango Carbonó

 

A la edad de 11 años Paulina Betancour Palacio, deportista del Club Fundadores, decidió bajarse de los patines para ser una judoca de tiempo completo y para ella, un año ha sido suficiente para destacarse en esta disciplina que eligió como su deporte favorito.

“Mi papá, Juan Carlos Betancour, me invitó a practicar judo porque él fue Selección Antioquia y Colombia y quiso motivarme a mí para seguir su camino”, cuenta Paulina. Además, esta judoca de 12 años se considera una jugadora muy fuerte, le gusta ser muy agresiva y a eso se debe su éxito en el judo que hace parte del Festival de Festivales.

Desde que era más pequeña Paulina también solía ser patinadora pero no abandona este deporte del todo, ya que lo practica en sus ratos libres. La deportista asegura a su vez que “en las competencias soy muy buena, desde que empecé el Babyjudo me ha ido muy bien por la fuerza y la resistencia que tengo, eso es en parte gracias al patinaje” sostiene.

En el Club Fundadores esta judoca tiene muchos amigos, se divierte y hace lo que le apasiona. “Todos me quieren mucho y siempre me están felicitando por mis logros. Me gustaría avanzar mucho y vestir el cinturón marrón” resalta Paulina.

Su entrenador, Roberto Rahamut, con tono orgulloso hace hincapié en que “Paulina tiene un biotipo muy bueno para proyectarla a futuro si mantiene la continuidad. Los entrenamientos requieren de mucho tiempo y dedicación y ella es muy juiciosa, además es buena compañera de equipo muy sociable”.

Una alegría discreta


Por: Luisa María Gallo G
Fotografía por: Andrés Henao

Valeria Pérez hace el saludo e ingresa al tatami con su cabello trenzado sostenido en una coleta, que minutos después tendrá que recoger aún más, al igual que su contrincante, para evitar que entorpezca el combate.

Tiene once años y hace dos comenzó a practicar Judo, cuando “una señora que nos cuidaba a mi hermano y a mí nos contó que este deporte existía”. Es con su hermano Santiago, un año menor que ella, que llega a los entrenamientos de los lunes y viernes los cuales duran dos horas. Sabe que es una niña fuerte, pero cuando entrena con su hermano siente que es él quien tiene más fuerza.

Dice con timidez que para hacer un buen combate se necesitan buenos reflejos, fuerza y elegir la mejor manera de sujetar a la oponente, por eso realiza más de tres tipos de agarres para derribarla, pues siempre compite con mujeres y a veces practica alguna técnica con su hermano.

Algunos de sus compañeros del colegio, de séptimo grado, saben que practica Judo aunque es un deporte que pocos de ellos conocen. Afortunadamente Valeria llegó a él, a pesar de que siente nervios antes de cada competencia, como también los sentía el año pasado que participó en la primera edición del Baby Judo Indeportes Antioquia, nervios que no siente cuando juega fútbol en sus tiempos libres.

Desde la comuna 4 Aranjuez su papá la acompañó a las competencias durante el Festival de Festivales, y con la misma seriedad con la que Valeria subió al podio a recibir la medalla de oro, él la grabó satisfecho desde las tribunas mientras ella alzaba las manos en señal de victoria. Con una alegría discreta Valeria celebra sus aprendizajes como judoca.

Inder Medellín dominó el Baby Judo, que terminó esta tarde en el Festival de Festivales

La representación del Inder Medellín fue la que más triunfos alcanzó en el Segundo Festival Baby Judo Indeportes Gobernación de Antioquia, que cerró esta tarde su participación con las competencias de equipos en el Festival de Festivales Martín Emilio ‘Cochise’ Rodríguez 2019, y que se disputó durante tres días en el Coliseo de Combate Guillermo Gaviria Correa, de la Unidad Deportiva Atanasio Girardot.

Luego de las tres jornadas de competencia en las categorías Sub 12 y Sub 14, los representantes de la capital de la montaña acumularon 16 pruebas ganadas, seguido de lejos por Itagüí y Ryu de La Ceja con tres cada uno, Bello y Shiro Tora con dos títulos, mientras que con un primer lugar figuraron Fundadores, Jaguares, Sol Naciente, Sabaneta y el departamento de Caldas.

La competencia de Equipos entregó el triunfo a Inder Medellín A en la categoría Sub 12. La plata fue para Inder B mientras que el bronce del Judo del Festival de Festivales fue para Arcade1. En cuanto a los Sub 14, el triunfo también fue para Inder A, seguido por Arcade 2 y el último lugar del podio fue para Inder B.