Judo, el camino hacia la plenitud espiritual

Fotografía: Luis Benavides

Por: Mateo Arroyave Díaz

 

Era un día común y corriente en la vida de Juan José Benítez. De repente, un vecino le preguntó si le gustaba el judo… cuando eso tenía 8 años y no sabía nada acerca de la disciplina. Después de una serie de videos sobre este arte marcial todo cambió, y este deporte llegó a hacer las veces de tutor y psicólogo en su vida.

No fue el fútbol, tampoco una actividad que implicara una pelota… el tumbar a su contrincante en el tatami se convirtió en su pasatiempo favorito para, más allá de ganar medallas, poder adquirir disciplina, lograr controlar sus emociones, alcanzar estabilidad en su parte espiritual y quitarse de encima todas las “malas vibras”. Para Juan José todo mejoró gracias al “camino de la suavidad”.

De igual manera, se siente feliz al llenar de orgullo a su familia gracias a los títulos individuales que ha alcanzado a su corta edad. En los intercolegiados del año pasado, representando a la Institución Educativa Antonio José de Sucre del barrio Itagüí, Juan José alcanzó la medalla de oro en Kata, siendo esta la primera presea dorada alcanzada en su carrera.

Su carácter y personalidad estuvo presente en la cuarta edición del Baby Judo, y a pesar de no haber ampliado su palmarés en dicha competencia, Juan José se fue tranquilo del coliseo Guillermo Gaviria, pues sabe que esta experiencia lo acerca mucho más en la búsqueda del objetivo principal de su disciplina: por medio de la práctica alcanzar el desarrollo físico, mental y emocional.

“Puedo liberarme de la rabia, los miedos y la tristeza”. Diez palabras fueron suficientes para que se reflejara el hombre interior que se postra dentro del niño de apenas 11 años.

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