Las “obreritas” de Santander

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Por Carolina Cortés

Este es un equipo que no está conformado solo por las jugadoras y el entrenador… también hacen parte los acompañantes que desde Santander vinieron a ayudarlos, no solo animándolos desde la tribuna sino cuidando de ellos después de cada jornada de juego. En una casa cerca al estadio, de un amigo del equipo, se hospedan alrededor de 18 personas. Trajeron sus propias colchonetas inflables, pero tras varios días de competencia ya se desinflaron y hoy amanecieron en el piso, incidente poco importante para ellas. Su mente está enfocada en ganar cada uno de los partidos que vayan enfrentando para llegar a las finales de baloncesto.

“Son obreritas todas”, dice Raúl Angarita, quien no solo señala a su hija Silvia sino que le sobran calificativos cuando de hablar del equipo se trata. Hasta el momento el equipo está invicto y al entrar en la cancha tienen como meta hacer el mayor número de anotaciones en el menor tiempo, saben que no pueden dar pie para que su oponente se fortalezca porque en este deporte cada segundo cuenta.

El grupo de padres que acompaña a las chicas en Medellín se convirtieron en sus padrinos y ayudan al entrenador Johan Saíz a que todo esté en orden. La disciplina y el respeto entre todas es la norma básica de su convivencia. Entre notas de voz, mensajes y fotografías van informando a los demás familiares que no pudieron viajar o que tuvieron que regresar pronto a Santander, las novedades de las jugadoras y el marcador de sus partidos.

Entre Yajaira Villamizar, César Bautista y Raúl Angarita se encargan de gritar y aplaudir durante todo el partido para que las jóvenes se sientan acompañadas. Sin pausa dan indicaciones, les gritan posiciones y les exigen desde la tribuna, esa corneta que suena de principio a fin va dirigida al equipo Club Pibas de Santander.

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