Las tarjetas rojas y amarillas de la vida

En uno de los partidos de cuartos de final disputados en la cancha Marte Uno en el marco del XXI Festival de Ponyfútbol, el marcador señalaba un disputado 2-1 a favor de cualquiera de los equipos, y por tanto, el público que acompañaba a la oncena que perdía, estaba presionando y gritándole a la árbitra central alguna que otra algarabía.

Andrea Echavarría, la receptora de esa inconformidad manifiesta, aseguró que en su quehacer hay que tener nervios de acero para hacer valer las leyes del fútbol,  pero que todo se vale cuando lo que se está viviendo es “una fiesta para los niños y para todas las personas que en la Marte se congregan”.

Ella, una “jugadora de fútbol frustrada, pero una árbitro encantada”, lleva algo más de 10 años dedicada a este deporte y ha tenido logros importantes como arbitrar en las categorías B y C profesionales del fútbol nacional. 

Pero como la vida es de “muchas tarjetas” y sucede más allá de los meros fines de semana, jornada en la que por lo general se dedica al fútbol, Andrea  es tan trabajadora como lo expresan sus compañeros de arbitraje, y en sus días de semana se dedica a confeccionar prendas de vestir en el taller que tiene en su casa con 5 máquinas planas para, de esta forma , “afrontar siempre las tarjetas rojas y amarillas que le muestra  la vida”.

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