Valery tiene la pelota caliente

Fotografía: Donaldo Zuluaga
Por: Manuel Osorio Villa

 

Siempre con una sonrisa, amable y atenta en cada turno que tiene al bate o como receptora. Así es Valery Ruidíaz Cerezo, de 13 años, la niña consentida del Babybéisbol antioqueño, quién a pesar de ser venezolana de nacimiento, se siente una paisa más pues lleva 6 años viviendo en la ciudad, representa a Antioquia en los diferentes eventos nacionales y disfruta al máximo cada momento cuando practica el deporte de sus amores.

Es una de las dos niñas que participan en el torneo y la única mujer en el equipo Cubs de Envigado, quien dice que “mi país está pasando por un momento muy difícil, mi familia se vino para Colombia en busca de otras oportunidades, vivimos en Envigado hace años, vivo con mi mamá y mi hermana, estudio en el Colegio La Paz, estoy en séptimo grado y estoy muy feliz acá, la gente es muy muy amable y además puedo jugar el deporte que más me gusta, el más popular de Venezuela», expresó Valery.

En el apretado juego en que su novena enfrentaba a Talentos de Montería, en la quinta y última entrada, Valery tuvo su turno al bate con las bases llenas y pelota caliente. En el tercer lanzamiento, un fuerte batazo lanzó la pelota al fondo del jardín, impulso a su equipo a lograr tres carreras más y lograr el primer triunfo en la competencia, con un resultado de 9 carreras por 4.

“Cuando llegué a Medellín, jugué con el equipo de Bello, de ahí pasé a jugar con Cubs Envigado, hago parte de la selección Antioquia y Colombia sub 15 y sub 17, jugué los Panamericanos en Perú, los suramericanos, los juegos nacionales y me han dado varios reconocimientos en el Inder, como la deportista revelación de Envigado en 2019, los 5 mejores deportistas del municipio y la mejor deportista juvenil. Quiero ser una gran deportista, el béisbol me fascina y se juega en muchas partes del mundo, entreno tres veces a la semana, porque quiero ser profesional”, finalizó Valery.

Kevin Cartagena: Estrella para el mundo


Por: Manuela Gallego Berrío
Fotografía por: Manuela Gallego Berrío

Humildad y compañerismo son las cualidades con las que Kevin Cartagena se gana el amor de los que lo rodean, a pesar de ser un niño de pocas palabras, pero mucho talento. Es su cuarta participación en el Festival de Festivales y por primera vez está en la final del Baby Béisbol con el equipo Estrellas del Mundo.

Cartagena, como le dicen sus compañeros, practica este deporte desde los 7 años, ahora tiene 12, vive en el municipio de Bello y este año será parte de la preselección Antioquia Sub 14, donde Medellín pidió la sede para este campeonato, organizado por la Federación Colombiana de béisbol. Dice que “mi meta perfecta es ser un jugador reconocido y lucha a diario por lograrlo”. Su ídolo es el beisbolista Alex Rodríguez y no pierde la esperanza de ser parte de novena los Yankees de New York.

En esta oportunidad su mamá no lo puede acompañar porque está trabajando. Él siempre cuenta con su apoyo y palabras de aliento. Las mamás también son protagonistas del Festival, son las que más se emocionan y disfrutan. Queda claro que ese número 09 en la camisa de Estrellas del Mundo, va hacer eco. Kevin no piensa rendirse para lograr sus sueños.

En el Diamante de Béisbol Envigado Cubs y Estrellas del Mundo buscarán el título

En el Diamante Luis Alberto Villegas se entregarán los tiquetes a las novenas que definirán el título de este año en el deporte de la pelota caliente, a partir de las 9:00 a.m. Posteriormente, se realizará la premiación de las novenas ganadoras por parte de la Corporación Deportiva Los Paisitas.

La novena venezolana de Inder Medellín


Por: Luisa María Gallo G.
Fotografía por: Andrés Ángel

Al equipo de Inder Medellín llegó una cuota venezolana de 10 niños que han aportado con el conocimiento que tiene el país vecino en el deporte de la ‘pelota caliente’. Según su manager Jonathan Ojeda, la presencia de los chicos ha favorecido la creación de un ambiente de camaradería en el grupo, compartiendo costumbres y aceptando el nuevo espacio de entrenamiento como una familia.

Juan Carlos Maestre, con 13 años, decide hablar de primero al ver que los demás entre risas dudan si hablar o no sobre su vida. Cuenta que llegó a la ciudad hace 2 años a vivir con su abuela y más tarde buscaron un campo de béisbol, encontrando el diamante Luis Alberto Villegas que le permitió volver a entrenar el deporte que disfruta desde los nueve años.

Su historia se repite con los demás: Michael Adalberto Infante, ‘la hormiguita atómica’, llegó hace 6 meses a Medellín y hace 3 meses inició sus entrenamientos de béisbol. Aarón Osorio, lleva 3 años en el país y desde hace 2 está practicando en el diamante paisa. Santiago Sánchez con apenas 6 meses en tierra colombiana, lleva 4 practicando béisbol en la ciudad. Antonio Navarro lleva 1 año y entrena hace 4 meses.

La historia de Alejandro Marcano difiere en que primero llegó a Bogotá y allá encontró un club con el que participó en la novena edición del Baby Béisbol. Marcelo Carvajal entrena con el equipo hace seis meses, la mitad de lo que lleva adaptándose a las costumbres colombianas. Jesús Reinefeld un mes después de salir de Venezuela encontró el campo de béisbol que recibe a las 12 novenas que participan de esta edición del Baby Béisbol, ajustando ya tres meses.

Los que más tiempo llevan entrenando bajo los 22°C promedio de la capital antioqueña, temperatura menor a la de su país, son: Misael Echeto que llegó hace 3 años a Colombia y lleva la mitad del tiempo entrenando en la Unidad Deportiva Atanasio Girardot y Jesús Manuel Altamiranda, quien completa cuatro años.

La mayoría de ellos conocían las bases del deporte en Venezuela, donde es una de las prácticas deportivas con mayor popularidad, tienen el talento y son suficientes para formar la novena.

Las Águilas que vuelan más allá de las fronteras


Por: Luisa Fernanda Álzate Sánchez
Fotografía por:  Andrés Ángel

Las Águilas del Festival Baby Béisbol 2019 son de Bogotá, pero al indagar con su entrenador, Marlon Lucena, nos cuenta que su origen se remonta realmente en Venezuela, porque “la mayoría de los que integramos la novena Águilas Bogotá, somos del país vecino y llegamos aquí por las razones que todos los adultos conocemos”.

Él llegó hace nueve meses atrás a la capital colombiana, y desde allí empezó a gestionar con sus conocidos los recursos, no solo económicos sino humanos, para hacer del “béisbol el nuevo comienzo de todos, y en esa búsqueda, di con el señor Luis Acuña, el dueño del club y quien me dio vía libre para convocar a padres y niños paisanos a través de las redes sociales”, según comenta.

“Superando barreras y traspasando fronteras, así como las águilas que sacan fuerza de sus alas para alzar el vuelo”, define el entrenador su proceso, y con orgullo destaca el resultado del club que cuenta actualmente con 80 jugadores, algunos pocos de Bogotá y Cartagena, que suman actualmente algo más de 5 meses entrenando.

José Eduardo Pedrenañez, de 10 años, ha sido parte del sueño, y sobre la presencia de su novena en el Festival de Festivales dice que es todo “un sueño poder competir con otros equipos, de otros países” y al contarnos sobre la posición que ocupa como tercera base, la describe como “la esquina más caliente porque esa no se gana jugando, sino con esto”, frase que termina dirigiendo su dedo índice golpeando dos veces en la cabeza.

Asunto que refuerza el entrenador, al concluir que el béisbol es también deporte de “fuertes valores como el compañerismo y la tolerancia”, razón por la cual “nos anima a perseverar en nuestro proceso”.

Nevis Blanquiced, el toque femenino de Fundaunibán Urabá


Por: Juliana Sosa Góngora
Fotografía por: Andrés Henao

Del Urabá antioqueño han surgido grandes futbolistas como Camilo Zúñiga, Luis Amaranto Perea y Juan Guillermo Cuadrado, por nombrar solo algunos. Sin embargo, hay quienes sueñan con ver triunfar a la gente de la región en deportes no tan tradicionales, pero que siguen creciendo.

Nevis Urbane Blanquiced está disfrutando su primera participación en el Festival Baby Béisbol con Fundaunibán Urabá, pues solo ocho meses atrás empezó a practicarlo. La invitación llegó un día de clases en el colegio 29 de Noviembre y ella la tomó, ya que siempre le había llamado la atención.

“Me gusta porque uno siente satisfacción cuando coge la pelota y admiro a los lanzadores porque tienen mucha fuerza en los brazos”, reveló la jardinera derecha, de 12 años. El recibimiento de sus compañeros fue bueno, no sintió que la trataran diferente y aseguró que son “muy unidos”.

Dagoberto Hernández, un hombre al que le corre el béisbol por las venas, es su entrenador. “Ella es una niña bastante disciplinada y que le pone ganas. Conoce el juego y en poco tiempo lo ha entendido, además tiene acompañamiento de los padres y eso es muy importante”, destacó el manager del equipo de Chigorodó al hablar de la pequeña.

La tradición y unión de los Negrete Mora


Por: Tatiana Gómez Quiceno
Fotografía por: Andrés Ángel

Un día, mientras estudiaba, Jorge Luis Negrete pensaba en dedicarse al béisbol… hoy su hijo traspasa la imaginación y llega al terreno de juego del diamante. Lleva con honor el mismo nombre de su padre y con orgullo dice que «cuando uno quiere llegar lejos llega». Su fuerza y disciplina lo han convertido en un buen elemento para este deporte.

El pequeño Jorge Luis Negrete nació en Flores, corregimiento de Lorica, un 24 de diciembre y es para sus padres el mejor regalo de las fiestas navideñas. Ahora tiene 10 años, vive en Montería y empezó en la posición de cácher cuando su compañero quien desempeñaba dicha función faltó al entrenamiento. «El profesor después de verlo dijo que de ahora en adelante él sería el cácher», dice su madre Yerledy Mora, una mujer carismática y quien se considera fan número uno de su hijo.

Minutos antes de entrar a competencia el pequeño deportista llama a su abuela materna Gualfa López, quien le dice la señal de la santa cruz como sinónimo de buena suerte. “Mi familia siempre está ahí conmigo, me apoyan y me animan a seguir», dice Jorge.

La familia Negrete Mora es una apasionada por el deporte de la pelota caliente, la mayor demostración se evidencia en los esfuerzos, los cuales han sido validadores del amor entre ellos. «Su hermano mayor renunció al béisbol para apoyar a Jorgito, él lo entrena, siempre dispuesto para él», asegura Yerledy.

Con la maleta llena de sueños, el beisbolista salió desde su lugar de residencia. Hoy acá desde el Diamante Luis Alberto Villegas asegura llevarse lo mejor del Festival de Baby Béisbol: experiencias, amigos y grandes aprendizajes.

A los siete años pisó suelo neoyorkino


Por: Jessica Cano R.
Fotografía por: Andrés Henao

“Si se toca la gorra, esperamos. Si se toca la nariz,  es toque de bola. Si se toca el cachete,  robo de base… o sea que hay que salir corriendo pa´ la siguiente base”, explica Adrián Antonio Mesa Piña, beisbolista del equipo Comfenalco de Cartagena, al preguntarle lo que significan las señas que el entrenador les hace cuando están jugando.  En los partidos ponerle atención al profe es fundamental, Adrián lo sabe: “él nos dice si el jugador está grande o pequeño, si uno se tiene que echar pa’ atrás o pa´lante”.

Adrián lleva tres años practicando este deporte y es lanzador, ¿Qué se necesita para jugar bien en tu posición? “hay que agarrar bien la pelota, hacer todos los movimientos…tirar pa´ primera” dice, y así como en el juego, responde cada pregunta que se le hace con precisión.

Mientras conversa, así serio y de vez en cuando sonriendo levemente, recuerda que una de las mejores experiencias que ha tenido jugando fue visitar el país de origen del deporte: New York, Estados Unidos, el sueño de tantos colombianos y en este caso, beisbolistas.  “Tenía siete años cuando fui y jugué con la categoría de doce, ellos pitcheaban muy duro y eran grandes. Fue muy emociónate estar allá, nos quedamos un mes y me gané un regaño del profe por meterme a la piscina del hotel… estaba muy buena”.

El jugador a quien más admira es Alex Rodríguez que jugaba con los Yankees de NY, “siempre hacía jonrón y muy buenas jugadasdice Adrián, a quien además le gustaría pertenecer en algún momento al equipo de Boston Red Sox, su equipo favorito. Mientras está participando en el Festival, disfruta no solo salir a la cancha y competir sino también ver jugar a los otros equipos, durante el día se le puede ver sentado en las tribunas comiendo algo y prestando atención a los demás encuentros.

Para Juan el humor rima con amor


Por: Tatiana Gómez Quiceno
Fotografía por: Andrés Henao

Los chistes hacen parte del día a día de Juan Camilo Hoyos, beisbolista que se rota en el juego entre pícher y la segunda base. A donde va deja risotadas y amigos. En cuanto a su futuro espera primero obtener su anhelado título de bachiller y viajar rumbo al otro lado del mundo: Japón, donde espera que su nombre suene como referente.

Antes de salir a la cancha aprovecha para hacer bromas a sus compañeros y reírse de las ocurrencias que él mismo dice y hace. Su acento revela la cultura paisa de la que viene y es un motivo para que sus amigos del deporte de la pelota caliente lo llamen “El Paisa”: “Pues es que yo habló muy gracioso, y como son de la costa mi voz la escuchan diferente”, manifiesta Juan. Su manera de correr también hace parte de su particular personalidad: “Él corre apoyándose en los talones, de verdad que es muy gracioso”, dice Alejandro Doria, compañero de béisbol.

Los números y las operaciones matemáticas hacen parte de los gustos de este deportista, las letras por su parte no son su fuerte, pues desde muy pequeño empezó a sobrellevar una alteración en la capacidad de leer más conocida como dislexia: “pues yo estoy en terapia, el otro mes tengo una cita, yo espero que mi problema se solucioné porque así podré ser un gran profesional”, expresa Juan, con una mirada optimista y una sonrisa como manifestación de aceptar las cosas, pero sobre todo con la plena seguridad de poder leer libros que le han recomendado sus amigos, en el menor tiempo posible.

Estrellas del Mundo es el equipo al que está representando. A sus doce años de edad es un conquistador: “las niñas siempre me preguntan si quiero ser su novio”, afirma él, pero su corazón por ahora pertenece a su mamá y al béisbol.

Josué: un salvador en Estrellas del Mundo


Por: Luisa María Gallo G.
Fotografía por: Andrés Henao

Magda Baquero es la mamá de Josué Castro Baquero, quien con 11 años viene a reforzar al conjunto Estrellas del Mundo. Vive en Bogotá y cada año pasa diciembre y enero en Cartagena, ciudad en la que nació su papá y de la que él se siente hijo.

Su mamá dice que Josué posee un talento innato que no solo ve ella sino los aficionados al béisbol. Desde los dos años, mientras reconocía el mundo que lo rodeaba, su juego preferido era este. El gusto por el deporte de la ‘pelota caliente’ apareció cuando veía a su papá jugando como receptor, misma posición que él prefiere ocupar.

Mientras ella estuvo en embarazo de su único hijo fue sometida a una cesárea de urgencia como consecuencia de un mal diagnóstico médico. Su hijo pasó su primer año en diferentes hospitales, pues cuando estaba a punto de salir a los diez días, contrajo una infección, enterocolitis, que le hizo perder su intestino grueso. Más tarde, tuvo una peritonitis y una lista larga de sometimientos y cirugías que aparentemente no bastaban para mantenerlo con vida. Sus papás habían escuchado de los médicos que por su hijo no había nada que hacer, que él iba a morir y que esperaran ese informe.

Fue en ese momento de desesperanza que Josué fue bautizado. Un capellán llegó al hospital para cumplir el sacramento. Josué significa salvación y como una evocación ante Dios, recibieron respuesta. Josué se salvó. Su mamá cuando lo ve en el campo piensa colmada de orgullo “Todo se lo debo a Dios”.

Con hipoacusia bilateral, discapacidad que lo confirma como un niño sordo, Josué juega béisbol y también disfruta el fútbol. Habla lengua de señas y juega en el Club Yankees de Bogotá. Ahora ha logrado mejorar su escucha gracias a un aparato auditivo, siente alegría al jugar y no le cuesta hacerlo. Lo que menos le gusta al jugar es “estar atrás esperando”, prefiere ser catcher, pitcher o estar en las bases.

De los dos bates que trajo al torneo no tiene ninguno preferido, usa cualquiera pues se los han dado sus papás. Es un niño simpático que mira a los ojos y según Magda, deja una novia en cada puerto, mientras él dice entre risas picaronas que no entiende el por qué la mamá cuenta esas cosas.