La familia Saldarriaga lleva el ciclismo en la sangre

Fotografía: Donaldo Zuluaga

Por: Juan Felipe Vargas

María Clara Saldarriaga es una de las participantes del Festival Babyciclismo de la categoría Escolares. Su familia lleva varios años dentro del mundo ciclístico, ya que su abuelo Fernando Saldarriaga tiene un club propio y es su entrenador. Además, su papá Luis Fernando lleva 27 años como entrenador deportivo en ciclismo y ha trabajado en el club Manzana Postobón.

María Clara terminó muy contenta y cansada luego de la prueba contrarreloj individual y en los rostros de su familia se notaba el orgullo y alegría de ver a la niña de la casa practicando el deporte de sus amores.

Desde los 3 años Luis Fernando le ha enseñado a su hija a disfrutar de la bicicleta como deporte y a hacer del ciclismo una pasión. Ella, al haber crecido en un entorno de tanto deporte y ciclismo, se antojó de practicarlo y sus padres la han apoyado en todo el proceso, siendo la herencia que le ha dejado Fernando a toda su familia.

Desde su experiencia como director deportivo, Luis Fernando asegura que el Festival de Babyciclismo es una gran oportunidad, tanto para los niños que quieren aprender y disfrutar, como para los entrenadores que pueden aprovechar la participación para determinar los factores en los que se debe trabajar.

María Clara, luego de terminar con su primer día de competencias, estaba muy satisfecha con su presentación y expresó su deseo de alcanzar los primeros puestos en la prueba de ruta. Pero sin importar lo que suceda dentro de las competencias, ella ya es una ganadora para su familia.

 

Rueda siempre a tus sueños Isabela… Parte 2


Por: Luisa Fernanda Sánchez
Fotografía por: Luisa Fernanda Sánchez

La siguiente imagen que tuve de Isabela, el día después de hablar con ella y escribir su historia, fue caminando hacia una esquinita, donde se sentó a llorar y a demostrar su enojo o frustración, porque según me enteré, en la carrera que corría ese día, algo salió mal con su bici y tuvo que abandonar la competencia, la misma que había soñado correr.

La vi tirando su casco, rechazando su bici, diciéndole algo a su mamá que entendí como un “no quiero nada, déjame sola” y lo mismo hizo con aquel tumulto de personas que al ver su “condición”, se acercaron a decir palabras que ella probablemente no entendía. Con arrebato, los rechazó a todos e hizo valer su derecho a llorar en soledad.

Dejé que pasara la efervescencia del momento y pronto me acerqué con cautela. La saludé y le recordé que el día anterior habíamos conversado. Entre lágrimas me miró y asintió mi presencia. Le hablé y traté por todos mis medios de decir todo para tranquilizarla. Con reproche me confesó algunas cosas, en especial de su bicicleta y sus padres, y después de un rato pude hacer que saliéramos a buscarlos.

Caminamos. Yo con su bici y su casco, y ella con su manita secando sus ojos. Me dijo alguien que hasta salimos en una toma de la transmisión de televisión que se hacía en directo. Para evitarse los pasos, decidió volver a su caballito de acero y me reprochó por su cadena caída, la causante de su salida temprana de la competencia, y yo que estaba a su total servicio, me las di de mecánica para resolver el impase. Pero Isabela aún lloraba con rabia.

Seguí hablándole hasta que nos encontró su papá, que estaba distraído porque el hermano mayor de Isabela estaba en competencia y ni qué decir la mamá que estaba lidiando con su hermanito menor. Dejó que yo me quedara más tiempo con ella. Yo decidida a ahogar su tristeza, le ofrecí invitarla a lo que quisiera a cambio de su sonrisa. Y como dulce al niño, Isabela aceptó. “Busca lo que quieras y vuelve para que vamos a comprarlo», le dije.

Hizo las paces con su bici, se fue de mi vista y en cuestión de minutos volvió para decirme que quería un ‘raspao’. Su padre volvió, le pedimos permiso para comprarlo y el resultado, lo juzgan ustedes por la foto que le pedí a un transeúnte que nos tomara.

Al terminar, respiré profundo, volvimos a sus padres, me despedí y le reiteré a la distancia el anhelo más sincero que me inspiró haberla encontrado: Rueda siempre a tus sueños, Isabela.

La historia inicial de Isabela, su cicla y sus sueño la pueden encontrar en https://festivaldefestivales.com/rueda-siempre-a-tus-suenos-isabela/

 

Tatiana y Danna, entre bielas y familia


Por: Alejandro Rave Franco
Fotografía por: Andrés Ángel

La zona centro del país ha sido la cuna de grandes ciclistas para Colombia y desde Cundinamarca llegaron al Babyciclismo un par de primas que a puro pedal, quieren dejar huella en el Festival de Festivales y que no sea su última participación en la competencia.

Cucunubá es un municipio ubicado en el Valle de Ubaté, a 88 kilómetros de la capital del país y con cerca de ocho mil habitantes, y es donde residen Tatiana Castillo Malagón y Danna Contreras Malagón, quienes representan con orgullo a su pueblo y aprovechan al máximo su participación en esta competencia. “Correr en el Babyciclismo nos sirve mucho para ir mejorando el nivel para carreras más adelante”, afirma Tatiana, la mayor de las dos primas y que a sus once años se ve recolectando triunfos en un futuro.

Por su parte, Danna, la pequeña de diez años, es una escaladora sobre los pedales. La ubicación topográfica de su casa la han convertido en una buena trepadora sobre el caballito de acero y es una rutina que ella tiene como entrenamiento para demostrar su capacidad en el Festival: “Vengo a entregar todo de mí para poder ganar y quedar de primera”, dice la niña que está muy feliz de visitar Medellín.

De momento este par de primas entregan lo mejor de ellas para representar con orgullo no solo a su tierra Cucunubá sino a su familia, así como lo dice Tatiana: “Danna y yo tenemos una bonita relación y no queremos ofendernos entre nosotras, es una sana competencia y por una sola razón, nuestra familia”

El sube y baja de la cicla


Por: Rodrigo Pérez Ríos
Fotografía por: Andrés Ángel

Tan solo seis meses estresando su cuerpo en intervalos regulares y recuperaciones adecuadas, le permitieron a Juan Manuel Rodas Caro iniciar su carrera de ciclista con miras profesionales. Por ahora, y a sus 10 años de edad, haciendo sus primeros pedalazos en el Babyciclismo del Festival de Festivales.

Según él, solo la bicicleta le ha permitido cambiar su estilo de vida y rebajar unos ‘kilitos’ de más. “Yo era más gordito de lo que soy ahora. Todavía me falta, pero he mejorado mucho, estoy enfocado. Y eso que apenas empecé”, afirmó.

Su madre, Carollina Caro, lo acompaña en todas sus travesías sobre la bicicleta. Por cierto, está recién traído. “Le dimos en la casa una bicicleta de ruta la pasada navidad. Fue un esfuerzo muy grande del papá y yo, pero lo vale. La felicidad de él es la nuestra. Está empezando, pero deseo siga y recoja los frutos”, señaló.

Juan Manuel se cayó empezando la competencia de ciclismo de ruta en la categoría pre-infantil, con su equipo ‘Los Amigos del Ciclismo’. Pese a sus raspones en manos y pies, se levantó. En su período de recuperación mantuvo la consistencia, cambió su enfoque y mejoró su resistencia aeróbica. Aunque ya era tarde para alcanzar y competir por uno de los primeros tres puestos, entendió que la vida es de caídas y altibajos: “Está en uno levantarse y seguir”, agregó.

Este pequeño ciclista, estudiante de primaria y habitante de la Comuna 5 de Medellín (Castilla), sueña con seguir bajando y subiendo… no de peso ni de caídas, sino, de rutas recorridas en su bicicleta.

Amor que empezó a sus 2 años


Por: Manuela Gallego Berrío
Fotografía por: Andrés Ángel

Mientras veía la competencia del Babyciclismo, llama mi atención un acento diferente al paisa. Es del deportista Héctor Ángel Florero Moncada, quién habla con su mamá Yolanda Moncada de su travesía para llegar a Medellín para participar en el Festival de Festivales.

Héctor viene desde el municipio de Pamplona en Norte de Santander a reforzar el equipo Los Amigos del Ciclismo. Desde el mes de noviembre realizaron varias actividades para recoger fondos para viajar, como lo explica Yolanda: “Hicimos de todo: vendíamos tamales, boletas, comida, incluso él (señala a Héctor) estuvo ayudando una semana en un almacén para reunir dinero y poder venir”. Se enteraron del Festival de Festivales, gracias a la entrenadora Helen Navas, quién les propuso que vinieran a participar, pero que los gastos corrían por cuenta de ellos.

Con ellos viajó su compañera fiel, su bicicleta, la cual tiene una manilla con un crucifijo, realizada por el mismo Héctor. También me cuenta que “me hice la manilla demasiado grande y mi papá me recomendó que la colgará en la bici y allí permanecerá por mucho tiempo”. Desde muy pequeño se montó en un caballito de acero cuando su papá lo transportaba en el manubrio por las calles del pueblo. Pronto sus padres notaron que el niño se sentía feliz al estar encima  de una bicicleta, y por esto decidieron regalarle una a sus 2 años de edad.

Para Héctor, este deporte le permite ejercitarse mientras mira los bellos paisajes y sueña con contemplar los Alpes franceses pedaleando en su fiel amiga de dos ruedas.

Una biela conecta la familia


Por: Tatiana Gómez Quiceno
Fotografía por: Andrés Ángel

John Fernando Botero López, con 9 años de edad, tiene claro que quiere seguir el ejemplo de su hermana Érica, quien en el Mundial de Austria quedó en el top 15 y en muy pocos meses estará en Europa corriendo en el Centro Mundial de la UCI.

Desde los tres años, John Fernando aprendió a montar en bicicleta. Aunque al principio no le interesaba mucho estar sobre ruedas fue su hermana quien lo motivó a practicarlo: “Ella es mi gran ejemplo, cuando esté grande quiero ser como ella para viajar por muchos países”, dice John Fernando.

Para Érica es un orgullo que John quiera seguir sus pasos: “El día que mi hermano me dijo que quería entrenar sentí satisfacción, yo siempre voy a estar para apoyarlo”, dice, expresando además la alegría que le da cada vez que ve a su hermano en la pista.

John Fernando Botero lleva el deporte en la sangre… ahora únicamente espera entregar todo de él para lograr grandes metas, seguir los consejos de su hermana y ser inspiración para otros niños que deseen incursionar en el ciclismo.

“Desde que practico el ciclismo ya no me asfixio”


Por: Tatiana Gómez Quiceno
Fotografía por: Andrés Ángel

Lo que inició como un pasatiempo se convirtió para Luciana Acevedo Urrego en una verdadera ayuda. Desde que practica el ciclismo el asma que le había diagnosticado el médico empezó a mejorar. “Un día fui al hospital y me dijeron que sufría de asma, me dejaron hospitalizada, pero desde que monto bici no me enfermo”, dice ella.

Viene desde el municipio de Amagá, en representación del Club Mineros, y para quienes la admiran por la dedicación y la gran capacidad de superación “Luciana ha evolucionado mucho, el proceso que ha tenido es ejemplar”, según expresa Mirelia Pareja, su entrenadora. Para Luciana sus instructores han sido clave en su etapa como deportista, pero también han sido importantes en su proceso de recuperación.

El apoyo más grande es su mamá, Floralba Urrego, quien la acompaña a cada jornada de entrenamiento. “Estoy feliz, mi casa ya no parece una farmacia, ahora es una niña muy aliviada, estoy muy agradecida con el Club y sus entrenadores”, asegura.

Su sueño está en los escenarios deportivos y artísticos, quiere triunfar sobre las ruedas, pero también sobre las tablas: “mi sueño es estudiar teatro pero no quiero dejar el ciclismo”, manifiesta Luciana.

La fe mueve montañas… y también ruedas


Por: Tatiana Gómez Quiceno
Fotografía por: Andrés Ángel

Antes de salir a competencia el Club Ciclo Rades encomienda su equipo a Dios, la fe es el pilar fundamental de este equipo y no es para menos: Girardota, el municipio que representan, es un pueblo religioso al que llegan miles de personas de afuera para pagar sus promesas al Señor Caído.

La señal de la santa cruz para algunos es indispensable: “los niños se preparan tanto en el ámbito deportivo como espiritual”, expresa Juan Pablo Rúa, entrenador del Club, quien además es fiel devoto al milagroso girardoteño.

María Camila Varela Henao de 10 años, una de las deportistas del club, asegura estar feliz por participar en el Babyciclismo: “Le dije al Señor Caído que hoy tenía que ganar la competencia para que mis compañeros fueran felices, yo le tengo mucha fe a él, cuando salgo de recibir la hostia sagrada, voy a orarle y le pido por mi familia”, dice ella.

Por otra parte, Andrés David Saldarriaga manifiesta lo que logró su fe, pues nunca había ganado una rifa hasta que en las novenas de navidad se llevó el premio: “fue gracias a Dios y los santos, yo siempre le pido para que me ayuden en competencia y esta vez me ayudo en la rifa”, dice. Su hermano Daniel, quien también está en la competencia agrega: “Me gusta mucho el deporte, yo un día fui a la iglesia y le pedí al Señor Caído fortaleza y me fue muy bien”.

El amor por el deporte y la fe son los encargados de unir a este equipo, quienes se sienten orgullosos de participar en el Babyciclismo organizado por la Corporación los Paisitas.

Estrenando cicla en el Festival


Por: Luisa Fernanda Alzate Sánchez
Fotografía por: Andrés Ángel

“Respira profundo, que lo hiciste muy bien, mi campeón”… Así es como recibe Lorena Preciado a su hijo Julián Ramírez, al llegar a la zona de medición al término de la prueba contrarreloj individual del Festival Babyciclismo 2019, que acababa de recorrer alrededor del anillo interno de la Unidad Deportiva Atanasio Girardot, en representación de la delegación Imer Rionegro.

Sin saber del tiempo registrado en la competencia, Julián asegura que le fue “muy bien”, o por lo menos así se sintió porque tenía en su bicicleta “el mejor de los caballitos de acero” que le trajo el Niño Jesús y que conservó “pa’ estrenar cicla en el Festival de Festivales”.

Expectante, Lorena vuelve a él y le dice que fue una muy buena presentación, y que esta es la primera de muchas experiencias que van a llegar si “hace de su entrenamiento una medicina y del ciclismo, su pasión”.

Julián por su parte, comenta que, aunque a veces interrumpe sus entrenamientos porque tiene que tomar pastillas para no “quedarse tieso” como síntoma de algo que aún no entiende, está dispuesto a esforzarse para también bajar “un poquito de peso”, que ha ganado como producto de su tratamiento médico y así llegar a “ser más fuerte y más veloz”.