Una vida entre el campo y las canchas

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Por Daniela Areiza Areiza

Bajo un inclemente sol y solo con la sombra que le daba su gorra, Juan Manuel Amaya disputaba su primer partido en el 1° Festival de Babytenis de Campo. Juan es el único representante del municipio de Santa Rosa de Osos, y al ver sus cachetes colorados se puede corroborar que toda su vida la ha pasado entre las montañas de la ‘Perla del Norte’.

“Dale, Juan, ¡sube!”, le gritaba su entrenador y primo, Cristian Mira, desde las gradas de la cancha central de la Unidad Tenística Carlos J. Echavarría, para que el jugador de 12 años subiera su nivel y pudiera remontar el partido que iba perdiendo por un set. El impulso de su entrenador y las ganas de seguir lo motivaron, pudo ganarlo, pero al final del partido no alcanzó a superar a su rival.

Para él es un logro poder estar representando a su municipio, pues contra todo y todos entrena su deporte favorito, aun teniendo que recorrer una hora a pie desde su casa, en el barrio el Alto de la Mina, hasta la cancha central del pueblo ubicado en el norte de Antioquia.

En Santa Rosa de Osos la economía gira principalmente en torno a la agricultura y a la ganadería. La familia de Juan no es ajena a esta actividad y por ello disfruta, cuando su padre lo invita, de cumplir las labores del hogar, recolectando papas y ordeñando vacas.

Aunque sus padres no pudieron acompañarlo en su debut, Juan entregó todo en la cancha, como si ellos lo estuvieran viendo. Para él no existen los límites, ese deporte que le empezó a gustar por sus primos mientras los veía jugar, es ahora su más grande pasión.

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