Juan David ve más allá y le pone ganas a su alma

Fotografía: Donaldo Zuluaga

Por: Yuliana Suaza

 

En la corta vida de Juan David Tapia ha tenido que enfrentar sucesos no comunes en los niños. Mientras sus amigos piensan en correr y saltar, Juan se concentra en no perder la visión y destacarse en la danza y movimientos del porrismo. A sus seis años, posee un porcentaje de visión del 60% en el ojo izquierdo y del 30% en el derecho. A través de sus lentes, construye una realidad diferente a las demás.

Juan David padece de cataratas con estrabismo, enfermedad congénita que heredaron él y sus hermanos de su mamá. A causa de esto, no puede jugar ningún deporte de contacto para prevenir golpes en la cabeza y por ello, decidió apostarle a su esencia: elevar a los demás y hacerlos brillar: el pequeño cumple la función de base en el Club Fantastics del barrio Castilla. “Juanda capta todo, todo lo absorbe, su condición no lo limita, hace que se esfuerce el doble”, dice Stephania Ibarra, profesora que lo entrena desde los dos años.

Hace un año fue intervenido quirúrgicamente por primera vez y ahora debe usar anteojos de manera permanente. “Si me quito los lentes no veo nada” dice con gracia.

En el Baby Porrismo, Juan David fue el más pequeño en edad que compitió y el único de su género en la modalidad Cheer Mini. Allí, él y sus compañeras recibieron la presea de plata.

Los ojos expresan emociones, los ojos de Juan David tienen un toque especial: pasión por lo que hace y afán por sobresalir. Juan no observa menos que los demás, Juan ve más allá. Su esencia no es apreciar colores o detalles, lo de él es la habilidad de hacer de sus luceros el brillo de su equipo, entrenadores y familia.

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