Con el voleibol le pone dulce a la vida

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Por Viviana Betancur Quintero

Esta sin duda alguna es una historia amarga y dulce. Siendo el más pequeño de su equipo, Darwin Andrés Luligo López de 9 años de edad supo hace tres meses que presenta una condición que le exige dejar lo que más le gusta después del voleibol: los dulces.

“El médico me dijo que solo puedo comer medio dulce al día y cuando veo a mis amigos comer muchos dulces si me dan ganas pero me aguanto”, asegura Darwin, quien con timidez abraza a su mamá por el cuello mientras le hacemos la entrevista.

Juega en todas las posiciones pero la que más le gusta es la número cuatro porque puede defender y atacar. Hace 3 años entrena con el equipo de Tuluá en el 10° Ponyvoleibol, cuando después de jugar fútbol por un tiempo, decidió que le gustaba más el voleibol porque no tenía que correr y el agotamiento era menor.

Claudia López, su madre, lo describe como un niño independiente, responsable, educado y que se desempeña bien en todo lo que hace. “Para mí es un orgullo como mamá verlo tan pequeño haciendo buenos pases, no habido nada que lo detenga”, menciona.

En el futuro se ve entrenando con los mejores del mundo y siendo un jugador destacado en el voleibol.

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