Kevin se puso la 10 de Tuluá

Fotografía: Luis Benavides Puché

Por: Karina Arango Carbonó

 

Kevin Albarracín, integrante de la delegación de Tuluá en el Babyvoleibol 2020, fue un digno portador de la camiseta número 10, pues desde el inicio de la competencia se mostró como un jugador integral, talentoso y líder, aspecto que lo llevó a él, a su entrenador y otros 12 compañeros a disputar la final en la categoría Mini masculino.

En el voleibol el dorsal es lo de menos, pero Kevin se tomó muy en serio su posición y entendió a la perfección la responsabilidad que caía sobre él: conducir a su equipo, leer los partidos y tener una visión completa del campo de juego. Esto también se debe a que este deportista se desempeña como futbolista en su municipio, pues hace parte de la selección de fútbol sala de Tuluá.

Narra el entrenador Johnattan Cataño que al Kevin tener ausencia de padre, se ha tomado la tarea de apoyarlo y ser como un papá para él. Además de brindarle toda la dotación necesaria para jugar, también le brinda el soporte económico para participar en eventos como el Babyvoleibol, para el cual debieron realizar rifas y pedir ayuda a algunos particulares que creyeron en el equipo. “Kevin se destaca por ser líder, por mantener siempre la calma, apoya a sus compañeros y si llega un integrante nuevo le brinda sus conocimientos para que puedan avanzar”, destaca el direccionador.

“Para jugar voleibol no tenía que pagar tanto dinero como en el fútbol, entonces me volví fuerte en este deporte. Me gustaría ser voleibolista profesional”, asegura Kevin, quien alterna la práctica de ambas disciplinas en las que se considera un jugador integral, capaz de asumir cualquier tipo de rol en la cancha.

Juanse le pidió al Niño Dios sus tenis para jugar

Fotografía: Luis Benavídez Puché

Por: Karina Arango Carbonó

Si hay algo que caracteriza a los niños que compiten en la categoría Benjamín del Babyvoleibol en el Festival de Festivales es su ternura y la alegría con la que enfrentan cada partido. En este caso, Juan Sebastián Idárraga Barredo, integrante de la delegación del municipio de La Estrella, ha cautivado por su actuación en el certamen siendo el competidor más pequeño del torneo.

Portando la número 6, “Juanse” defiende la camisa de su municipio con tan solo 6 años de edad y 1.25 metros de estatura. Cuenta su entrenador Bairon Andrés Toro, que el niño lleva casi 2 años en el equipo y sus inicios en este deporte se dieron gracias a que sus hermanos también juegan voleibol en este municipio del sur del Valle de Aburrá. Al ver que solamente iba a acompañar a su madre y hermanos, él quiso experimentar lo que era el voleibol. “Todo empezó porque él iba conmigo a los entrenamientos. Una vez quiso jugar y Bairon le dijo que cuando cumpliera 6 años lo incluía. Un día insistió tanto que el entrenador permitió que jugara y desde ahí empezó. Ahora entrena 3 veces a la semana y está muy enamorado del voleibol”, asegura su progenitora Gabriela Barredo.

En la competencia, cada vez que su equipo anota un punto, “Juanse” baila, brinca y celebra. Nunca se mantiene quieto. Aunque es travieso y se divierte, conoce su rol dentro del campo de juego y se lo toma con seriedad. “En La Estrella queremos formar a los niños desde edades tempranas, vincularlos al proceso y que le cojan amor al voleibol. En el caso de Juan Sebastián y los otros niños de su edad, se les están inculcando valores como el compañerismo, la disciplina y el respeto por el otro” sostiene el direccionador Bairon Toro.

Es de admirar que un pequeño como Juan Sebastián ya siente la necesidad de entrenar, pues cuenta su madre que “él llega del colegio, almuerza, se cambia y me dice ‘mamá, vámonos a voleibol’. Al niño Dios le pidió unos tenis para jugar, así que él sin duda ya siente un aprecio muy especial por este deporte”.

Isabella, digna representante de Támesis en el Babyvoleibol

Fotografía: Karina Arango Carbonó

Por: Karina Arango Carbonó

 

Muchas son las emociones que mueven al Babyvoleibol, tanto que algunos de sus participantes están dispuestos a viajar kilómetros para cumplir la meta de participar en este evento deportivo.

Isabella Morales, apasionada por el voleibol, decidió emprender su viaje hacia San Pedro de Urabá desde Támesis, municipio en el que habita junto con su madre y su padrastro. “En el suroeste no se hizo el clasificatorio para el  Babyvoleibol, entonces el entrenador Óscar Orozco me recomendó para jugar las eliminatorias en Urabá. Si clasificábamos yo haría parte de la delegación y aquí estoy”, agregó la jugadora, quien estuvo en el mes de noviembre con su madre, durante una semana, disputando el zonal.

Se puede pensar que el Urabá antioqueño lo tiene todo para conformar equipos de voleibol muy competitivos, pero siempre hacen falta jugadoras como Isabella que también aporten en lo técnico y lo actitudinal, tal y como ella lo ha hecho durante el Babyvoleibol. “Ella es una niña muy dedicada, responsable y atiende todas las indicaciones. Es un gran refuerzo para el equipo”, asegura su entrenadora Olga.

Ya Isabella no tendrá que recorrer kilómetros para poder continuar con su proyecto deportivo. “Nos vamos a venir para Medellín porque acá voy a tener más oportunidades en el voleibol”, sostuvo la jugadora quien asegura que este deporte es su felicidad y la hace ser mejor persona.

 

Cestas y puntos: 3 generaciones en Promesas de Antioquia

Fotografía: Donaldo Zuluaga

Por: María Camila Sañudo Echandía

 

 

“Cuando mis dos hermanitos anotan, recuerdo mi primera cesta en el Festival de Festivales”, así lo cuenta Laura Sofía Meneses Serna, subcampeona en el año 2014 y 2015 con el Club Promesas de Antioquia. Ahora, ella juega con el equipo de la Universidad Nacional de Colombia y sus dos hermanos, María José y Mathías juegan el Babybaloncesto con el equipo del alma de su hermana mayor.

Mathías y María José llegaron al baloncesto por obligación, pues no estaba en sus planes entrenar y competir como Laura. Sin embargo, los caminos de la vida los llevaron a pisar las canchas de este deporte, porque al finalizar la jornada escolar ese era su segundo hogar. Con el pasar de los días esto cambió, ahora el baloncesto es su deporte favorito y su pasión.

Es la primera vez que los hermanos Meneses Serna juegan en simultáneo un Babybaloncesto, esto hace que Laura y sus padres estén desde temprano en el Coliseo Mayor Iván de Bedout, uniformados, con instrumentos musicales, con sonrisas y apoyando a la número 9 y el número 5 del equipo de la casaca roja.

Para esta familia el Babybaloncesto es felicidad y niñez, emoción y recuerdos, simplemente es su legado. En definitiva, Promesas de Antioquia tiene casta basquetbolista.

El Babyvoleibol también tiene su “Pibe”

Fotografía: Donaldo Zuluaga

Por: Karina Arango

 

En el fútbol tenemos a Valderrama y en nuestro Festival tenemos a Isaac Cuenca. Así como lo hizo en su momento el futbolista colombiano por su look y rendimiento en la cancha, nuestro voleibolista logra hacerse distinguir desde lejos de la misma manera con tan solo 6 meses de antigüedad en esta disciplina. 

El “Pibe” del Babyvoleibol genera bastante la atención por su cabello crespo, abundante y llamativo, y participa en esta edición del certamen representando a Roldavoley, una delegación proveniente de Roldanillo, un pueblo pequeño que se encuentra en medio de un paisaje típicamente vallecaucano a 2 horas de Cali. 

Su entrenador, Iván Camilo Ramírez, sostiene que en esta octava participación de Roldavoley en el Babyvoleibol se siente afortunado de contar con Isaac, quien dos años atrás intentó practicar este deporte pero no le gustó. Hace seis meses decidió darle una segunda oportunidad y hoy es el más destacado del club. “Es un chico desequilibrante, con mucha responsabilidad sobre el equipo y que tiene muchas proyecciones, porque a pesar del corto tiempo que lleva entrenando es un niño que tiene con qué jugar voleibol”.  

A Isaac se le nota el futuro que tiene en este deporte, se aprecia tranquilo y seguro. Todos confían él y su entrenador espera por fin, con el aporte del “Pibe” y después de ser subcampeón por cuatro veces consecutivas, quedarse con el lugar más alto del podio del Babyvoleibol 2020.

La pequeña que quiere volar sobre las mallas del Yesid Santos

Fotografía: Manuel Osorio Villa

 

Por: Manuel Osorio Villa

 

Es una de las niñas con más baja estatura del Babyvoleibol, categoría Benjamín. María José Cañas, una niña extrovertida, alegre y que, además, es la que se inventa cada coreografía de su equipo cuando se gana un punto. A pesar de no alcanzar a bloquear los tiros de sus rivales, ella se levanta y salta con todas sus fuerzas, con la ilusión de llegar a cada balón enviado por sus contrincantes.

Tiene tan solo 7 años, es su primera participación en el Festival de Festivales, juega para el equipo SiderVoley de La Estrella y nos expresó que su amor por el deporte nació por su padre, Daniel Cañas, quién toda su vida jugó fútbol y baloncesto aficionado, la llevaba cada sábado o domingo al Polideportivo de Bello, lugar donde reside y le inculcó la pasión por practicar algún deporte, aprender y mantenerse en forma.

En la segunda jornada de competencias en el Yesid Santos del Babyvoleibol, María José dice que “este es el segundo día que venimos al coliseo y hemos jugado cuatro partidos, nos ha ido más o menos bien, pero perdimos los cuatro partidos. El entrenador nos regaña mucho, pero mi papá me dice que es normal porque quiere que nos vaya bien y que le tenemos que poner más cuidado».

Una de las virtudes de María José es que tiene un excelente saque, pero según su entrenador, el problema es que a veces es muy distraída. La niña está en una etapa de formación, es normal que suceda, pero ella salta con tantas ganas al disputar cada pelota, que parece que soñara con volar y dar un clavado fulminante a sus rivales.

¡Sara sale a comerse la cancha!

Fotografía: Karina Arango

Por: Karina Arango Carbonó

 

A ella da gusto verla jugar… Sus ataques son de locura y tiembla el equipo contrario cada vez que la jugadora #11 toca el balón. Es, sin duda, la figura de la delegación tulueña Escumer y su jugadora más desequilibrante. Lo es no solo por su liderazgo en la cancha, sino también por su forma polifuncional de asumir cada juego. Sus estadísticas lo comprueban: en solo 5 partidos jugados en el Babyvoleibol ya lleva 41 puntos. Ella arma, recibe y ataca.

“¡Uy, cómo juega esa niña!”, “¡Qué crack!”, “¡Acuérdense de ella, con seguridad va representar a Valle!”, esos son los comentarios que se oyen en la tribuna y parte baja del Coliseo Yesid Santos cada vez que Sara Hincapié Giraldo, jugadora de la categoría Mini femenino, anota para su equipo.

Sostiene su entrenadora, Leidy Rivera, mientras le hace unas trenzas en su cabello negro y largo, que “Sara es una jugadora muy disciplinada. Decidió unirse al equipo al ver que era buena y que podía crecer. Entrena todos los días y tiene muy buen ataque. Ya la conocerán”.

La atacante tulueña lleva el voleibol en la sangre porque su mamá también fue jugadora de voleibol. Con todo el apoyo de su familia, esta jugadora del Valle del Cauca, departamento exportador de deportistas de alto rendimiento en el ámbito mundial, aspira a crecer de la mano de su entrenadora y equipo.

 

¡Valen el doble! Hermanos Carvajal: voleibolistas de corazón

Fotografía: Donaldo Zuluaga

Por: Karina Arango

 

Compañeros de nacimiento y ahora “partners” en el deporte. Jerónimo y Tomás Carvajal ahora la rompen juntos en el Inder Medellín y como buenos mellizos, quieren ser la sensación de este Festival. “Los mellizos han hecho un proceso muy bonito que viene acompañado de un seguimiento con los padres de familia. Es una articulación muy buena con ellos porque también son voleibolistas. Eso para nosotros es fundamental, son un par de talentos en proyección”, afirma su entrenador Santiago Ortiz.

Discutir es algo típico entre hermanos pero, aunque estos chicos lo hagan cada vez que alguno hace algo indebido, especialmente dentro de la cancha, al final siempre buscan la reconciliación y aportarle el uno al otro.

No tienen los mismos sueños: Jerónimo quiere ser ingeniero de sistemas como su padre o ilustrador digital, porque además de jugar voleibol le encanta dibujar. “Quiero pedirle a mis papás que me regalen una tablet para el dibujo”, suplica. Por su parte, Tomás quiere trabajar en robótica y ser voleibolista profesional.

Aun siendo ellos tan diferentes, tanto en lo físico como en la personalidad, sus padres los motivaron a tener una misma pasión: el voleibol. Hace 6 años lo practican. A uno le gusta atacar, al otro le gusta armar. Y no resulta casual que sean tan buenos en el deporte, porque su papá, Juan Felipe, fue jugador de voleibol en el Tecnológico de Antioquia y su mamá, Tatiana, representó al colegio Lola González en la misma disciplina.

En la edición 2019 del Babyvoleibol, los mellizos fueron campeones con su equipo en una final vibrante y desde ese momento su motivación principal para entrenar y mejorar en lo deportivo es la participación anual en este certamen. “Hace un año fuimos campeones, fue muy duro porque íbamos perdiendo la final. El segundo set lo remontamos, un compañero pasó un balón de cabeza y con ese punto alcanzamos la victoria”, así narró Tomás el desenlace de la competencia.

Para ellos, lo mejor de ser mellizos es que se tienen el uno al otro.